“Porticidio” flagrante

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Ya a estas alturas todos conocemos esta foto. Lamento no dar crédito a la fuente original, pues he intentado ubicarla infructuosamente. Este horroroso empañete que le ha sido aplicado a nuestra Puerta del Conde es parte del “Plan de Remozamiento de la Zona Colonial” que está ejecutando la OISOE. Sí, esa oficina que realiza obras que deberían corresponder a distintos Ministerios, en lugar de hacer honor a su nombre de “supervisora”; pero mejor no encaminarnos por esos derroteros.

Pues bien, la OISOE está trabajando en la Zona Colonial, pero al parecer no exactamente para restaurar nuestros monumentos, sino más bien para ultrajarlos. Hay que reconocer que se eligió a conciencia el término “remozar”, puesto que significa, según la Real Academia de la Lengua, “dar un aspecto más lozano, nuevo o moderno a algo”. No es un plan para “restaurar” por lo visto, sino para modernizar. No diría yo tampoco que han sido estrictos en el seguimiento del término, pues ese empañete de lozanía tiene muy poco. Pero la cuestión a plantearse es: quién le da derecho a la OISOE de destrozar nuestro patrimonio? O mejor dicho, el patrimonio del mundo?

Porque no debemos olvidar que la Zona Colonial está declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Y no por antojo unilateral de la UNESCO, puesto que según la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (que dicho sea de paso nuestro país ratificó en 1985) de la UNESCO, el Estado presenta al Comité del Patrimonio Mundial un inventario de los bienes del patrimonio cultural situados en su territorio. Si el Comité decide incluir dichos bienes dentro de la Lista del Patrimonio Mundial, la propia Convención establece que es necesario el consentimiento del Estado interesado en la inscripción. O sea, que la Zona Colonial es patrimonio de la humanidad porque tanto la UNESCO como República Dominicana quisieron.

Algo importante que incluye esta Convención es que reconoce que la conservación del Patrimonio Mundial incumbe a la comunidad internacional, y establece que si un Estado no tiene la capacidad de proteger o rehabilitar su patrimonio puede recurrir a la asistencia internacional no solamente en el aspecto financiero, sino también en el técnico.

Aquí me planteo yo varias interrogantes. En primer lugar: el pasado gobierno nos dejó un famoso déficit que aún estamos pagando los contribuyentes. O sea que estamos en austeridad. La OISOE no está en austeridad?

En segundo lugar y considerando el punto anterior, por qué el Estado, al amparo de la Convención sobre Protección del Patrimonio Mundial, no solicita asistencia internacional para hacer un trabajo bien hecho? Si hay dinero (que por lo que se ve hay), por qué no busca asesoría y asistencia técnica de expertos en restauración de edificaciones medievales que hayan participado en trabajos similares en Europa, por ejemplo? No quiero con esto menoscabar las capacidades locales. Pero la realidad es que el agua tibia está inventada, y en este caso en Europa se han llevado a cabo miles de restauraciones de estructuras de la misma escuela que las que aquí tenemos. Deberíamos aprovechar las técnicas y la tecnología ya probadas y no inventar a ver qué sale del experimento. Porque este nefasto empañete, sin rigor histórico alguno, se quede o lo quiten, ya salió demasiado caro.

Resulta imposible comprender con qué criterio se abocó la OISOE a ejecutar semejante barrabasada contra la Puerta del Conde. Máxime cuando el famoso plan de remozamiento anunciado en su momento por el Ministerio de Turismo se refería básicamente a mejoras viales. No existen palabras para expresar la indignación que produce que el propio Estado ataque nuestros monumentos coloniales, y mucho menos uno de tal importancia. Porque aquí lo que ocurrió fue una vejación, un ultraje, una humillación a la Puerta, a la historia, a la arqueología, a los dominicanos y al mundo.

La iniciativa de remozar la Zona Colonial no es mala. La “zona” necesita cariño. Es la ciudad primada de América, y debe estar a la altura. Debemos al mundo una “zona” en condiciones, donde caminar sea seguro de noche y de día, haya guías capacitados y las atracciones estén preparadas para recibir visitantes. No basta con que un turista pueda entrar allí, dé una vuelta, y ni se entere de qué fue lo que vio. Necesitamos monumentos con buena iluminación, con infraestructura que permita la accesibilidad universal, tecnologías modernas (como audioguías), etc. Pero por encima de todo eso lo más importante es la conservación de los monumentos: que estén cuidados, en buen estado y que sean restaurados en los casos que sea necesario. Que quede clarísimo: tirarle un empañete a algo que no lo lleva no es cuidar el patrimonio, es dañarlo.

La cuenta de Twitter de la OISOE publicó un tuit donde decía que el “remozamiento del Parque Independencia tiene una inversión de unos RD$ 35 millones de pesos”. Treinta y cinco millones de pesos para ultrajar la Puerta del Conde!

El próximo paso de la OISOE es entrarle a la Catedral. Ya los andamios están puestos. Cuál es el plan? No lo conozco pero después de ver a nuestro símbolo de la Independencia tan vilmente maltratado por esta oficina me da grima pensar lo que le harán. Será un “catedralicidio”. Yo les he contactado para conseguir el plan y los estudios previos que se hicieron, pero no he obtenido respuesta.

Resulta incomprensible que la OISOE esté haciéndose cargo de algo que corresponde a la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura. Algo tan delicado como tocar nuestras edificaciones coloniales no debe caer en manos ni de la OISOE ni del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, sino de los que por ley deben velar por el patrimonio cultural nacional.

Si me preguntan a mí, yo para que éstos estén haciendo chapuzas con mi Zona Colonial prefiero que no la toquen, que menos daño les hace el paso del tiempo que la intervención improvisada y sin soporte histórico ni técnico de una institución estatal que no tiene ni en su nombre ni en su misión por qué saber un pepino de restauración de monumentos. Pero como ni yo ni los 10 millones de dominicanos que aquí habitamos importamos, la OISOE y el MEPD seguirán ejecutando irresponsablemente unos chelitos que no les debían tocar a ellos sino al Ministerio que se creó (con todo y sus botellas) para eso.

Nos están acribillando nuestra Zona Colonial, y los estamos dejando. Quizás para algunos las lágrimas vendrán después, pero para mí ya llegaron. Una de las ofensas más grandes que puede hacernos el Estado es destruir nuestro patrimonio común. Sea Bahía de las Águilas, Loma Miranda o la Zona Colonial, el sentimiento de indignación y el dolor es profundo y colectivo. Hacerle esto a la Zona Colonial es una muestra más de lo podrido que está el Estado. Ya ni los símbolos más sagrados, aquellos que tienen significado no sólo para los dominicanos sino para la historia universal, están a salvo. Son otros mangos bajitos para la corruptela.

La próxima víctima de este vandalismo estatal es la Catedral. No basta con indignarnos por las redes sociales. Si de verdad queremos proteger nuestro patrimonio tendremos que hacer algo más. Ideas?

Con la anuencia de mi sobrino Incómico comparto un poco de su genialidad, pues como nadie resalta la tragicomedia que vivimos en este Macondo en cada una de sus tiras:

Incómica Incómico

Incómica Incómico

(NA: Para no excederme en la longitud de este artículo omito la exposición sobre fortificaciones abaluartadas, o traza italiana, de los siglos XVI y XVII que nos permite, complementada con la observación comparativa, desechar la idea de que la Puerta del Conde llevara originalmente empañete.)