Sancocho de Déficit y Odio

Ayer me intentaron atracar en Piantini. Me persiguió un motorista hasta la casa de un familiar, y me salvé por un pelo. Al publicarlo, me enteré de que en la última semana ha habido 3 casos conocidos por ahí. Pero este sector no tiene destacamento, y las patrullas circulan muy de vez en cuando, especialmente cuando hay que buscar el moro. No creo que a la policía le importe, y si le importa tiene pocos recursos materiales y humanos para hacer frente a esto.

Pensaba escribir extensamente sobre el tema, porque todos conocemos a alguien que ha pasado por una situación similar, pero yo lo viví ayer en carne propia y si antes andaba atenta y temerosa de los motoristas, ahora me encuentro en modo parálisis. En este país la vida diaria es cuesta arriba, el ciudadano está totalmente desprotegido, y en especial las mujeres. Mi Estado no me protege, de hecho le importa tan poco lo que me sucedió, que aún habiendo escrito a la policía y su vocero por Twitter, ambas cuentas han respondido a otras cuestiones, ignorándome. Pues una rubia casi atracada en Piantini probablemente se lo buscó, por andar en una zona de clase media y sola. Pienso ir a poner la denuncia, aunque mis familiares me han prevenido de que es una pérdida de tiempo. Pero la pondré porque es lo correcto.

Pero lo que subyace detrás de esta criminalidad es la agobiante situación económica de nuestro país. A raíz de lo que me sucedió, un amigo publicó una nota analizando las estadísticas de criminalidad con relación a las reformas fiscales impuestas a este pueblo, sin misericordia, una detrás de la siguiente. Reformas que resultan doblemente insultantes cuando son implementadas para cubrir un hoyo causado por el despilfarro del partido en el gobierno para cubrir sus enormes gastos de campaña. Vamos, que no bailamos en esa fiesta, pero la pagamos nosotros.

Este pueblo no puede más. Como bien mencionaba mi amigo en su nota, el sueldo mínimo no se aumenta desde 2001, sin embargo la canasta familiar incrementó solamente de 2012 a 2013 en un 30% (según los datos más conservadores). Cómo puede nuestro gobierno pretender que con estas simples cifras se pueda sostener la vida en sociedad? Y de verdad cree el presidente que tirando los militares a las calles se puede resolver la delincuencia? Se cree Danilo Medina que la absurda presencia de los militares en el patrullaje pondrá pan en la mesa de los pobres, o les caerá como maná del cielo un empleo digno que les permita vivir sin recurrir al pillaje? Mejorará la presencia de los militares el acceso a los servicios básicos de salud?

Como siempre, nuestros gobernantes se la pasan poniendo parchos y buscando chivos expiatorios. Estamos en una situación económica crítica. Y el gobierno sabe bien que esta olla a presión no se puede sostener en el tiempo. En enero vienen las medidas de la reforma fiscal pospuestas por Danilo cuando la gente el año pasado se levantó a protestar. Y el presidente está consciente que esa gente está dormida, pero despertará cuando le vuelvan a clavar un déficit que quien lo debe pagar es el PLD. Y que cuando la vida se encarezca más, la delincuencia se triplicará. El presidente y el partido en el gobierno saben lo que les va a caer encima.

Y por eso necesitan el “nacionalismo”.

Nada distrae más a un pueblo vapuleado por sus gobernantes que apelar a sus instintos más primarios. Ya decía Américo Lugo en una carta dirigida a Trujillo, escrita en 1936, que tenía la creencia, cada vez más arraigada, de que el pueblo dominicano no constituye nación. Se infiere de su carta que atribuye esto a los efectos de la ocupación norteamericana de 1916 sobre la población. Consideraba que era necesario un historiador de la talla de Tucídides para evocar los sucesos patrióticos de la época de la Anexión, a los fines de “vigorizar la debilitada cepa del presente”. Y ciertamente, yo concuerdo con este insigne historiador, en el sentido de que nuestro país vivió tiempos en los que unos valores y un amor a la patria y a los dominicanos lo unían. Pero luego que ocupaciones, dictaduras, autoritarismo y presidencialismo caudillista se sucedieron, ese nacionalismo de Luperón y Sánchez se ha desvirtuado para ser utilizado en pro de los más viles fines.

Claro ejemplo es el comunicado del presidente del Tribunal Constitucional, Milton Ray Guevara, quien en nombre del tribunal defendió la sentencia 168-13, que despoja de la nacionalidad dominicana a más de 200 mil personas amparadas por el ius solis, llegando incluso a citar una frase de Juan Pablo Duarte: “Los enemigos de la patria, por consiguiente nuestros, están todos muy acordes en estas ideas: destruir la nacionalidad aunque para ello sea preciso aniquilar a la nación entera”.

Esto llevó a la magistrada Katia Miguelina Jiménez a desvincularse de un comunicado que dijo no conocía, y tampoco compartía. Y a propósito expresó: “El Patricio ni deliberó ni votó para dar esa sentencia”.

Y es que ciertamente tenemos una historia turbulenta con nuestro vecino. Nos independizamos de ellos, y por lo tanto es normal que persistan ciertas cicatrices históricas que nos dan en nuestro orgullo. Nos independizamos del país que hoy es el más pobre de nuestro hemisferio. Y para colmo, compartimos isla con él.

Gran responsabilidad tiene la historia que se imparte en las aulas, de exaltar las gestas patrióticas sin incitar al odio. Y bien sabemos todos que los libros de texto con los que aprendimos historia dominicana tienen un sesgo de xenofobia y antihaitianismo que permea las mentes influenciables de los párvulos. Es una irresponsabilidad del Ministerio de Educación mantener una línea de enseñanza trujillista, que instruye a nuestros hijos a odiar, en lugar de educar en tolerancia y celebrar las virtudes de nuestros héroes patrios, para que el aprendizaje sea de mantener nuestra soberanía en un marco de cooperación y cordialidad con un país que siempre estará geográficamente pegado a nosotros.

Pero esa responsabilidad la tienen también las altas instancias gubernamentales, con el Tribunal Constitucional a la cabeza, que no ha recibido de Juan Pablo Duarte ningún endoso para utilizar su nombre y sus frases en sustento de sus sentencias. Aunque internamente el Tribunal Constitucional tiene la última palabra, debe recordar que existen sentencias injustas, que la ley es mutable, y que su rol es el control de la constitucionalidad, y no la supuesta interpretación de la voluntad del pueblo, ni mucho menos de la aplicación en 2013 y a rajatabla, de unos enunciados del siglo XIX fruto de una realidad muy distinta a la actual.

Ciertamente que tuvimos próceres admirables, y ojalá hoy en día surgieran personas con esa calidad moral y humana. Pero muchos de los postulados de la Trinitaria y muchas de las frases pronunciadas por nuestros patriotas se hicieron en ese contexto y no en el actual. Dudo seriamente que siendo nosotros como lo somos hoy una nación libre, se pronunciara Juan Pablo Duarte en los términos que lo hizo respecto de la nación haitiana.

Ayer se celebró una actividad en el parque Independencia, en “defensa de la nacionalidad”. En la misma se acusó de traidores a quienes no apoyan la sentencia del TC, mientras se gritaba “muerte a los traidores”. Eso no es patriotismo. Eso es odio en su estado puro, es xenofobia, es intolerancia, y peor aún es incitación a la violencia. El derrotero que están tomando estos falsos nacionalistas es peligroso. La dominicanidad no debería basarse en el odio a los haitianos, sino en valores que nos unen como pueblo y que nos hacen únicos. Si nuestra identidad no tuviera fisuras y deficiencias este odio no fuera posible, pues al estar seguros de quiénes somos sabríamos que la controlable pero inevitable migración no afectaría nuestros rasgos constitutivos.

Pero saben muy bien los promotores de este falso nacionalismo que el miedo y el odio son rentables, pero que, mejor aún, nos dividen y nos distraen del verdadero problema, que es el déficit, generador de delincuencia, inequidad, desempleo y violencia. Juegan bien sus cartas, y la masa se deja embaucar. Una vez más.

Lo que no dicen, cuando defienden una dominicanidad definida por el Tribunal Constitucional, entre otras cosas, en violación de las reglas de competencia y de las reglas que rigen el recurso de amparo, es que aquí pocos pueden demostrar su linaje cuatro generaciones para atrás. Más aún, omiten mencionar los orígenes de algunos patricios que se verían hoy en día en un serio apuro si tuvieran que demostrar su pertenencia a esa raza dominicana que el TC dice que existe. No mencionan ni por asomo que el padre de Juan Pablo Duarte era español, y su madre hija de padre español; ni que el apellido de nuestro gran Gregorio Luperón era originalmente Duperón, de origen haitiano; ni que la madre de Francisco Del Rosario Sánchez figura como “parda libre”, lo que denota su ascendencia africana; ni que el padre de Juan Sánchez Ramírez era español; ni que Concepción Bona era de origen napolitano y canario; ni que Santiago Rodríguez nació en Cabo Haitiano, de madre haitiana.

No lo dicen porque entonces quedaría demostrado que el patriotismo poco tiene que ver con el origen de las personas, y mucho con los valores y el amor al suelo donde nacemos o vivimos. Porque quedaría evidenciado ese supuesto patriotismo que profesan en toda su falsedad e hipocresía, y porque saben que ellos como personas nunca estarán adornados por las virtudes que exhibieron nuestros próceres, que procediendo de orígenes diversos se unieron por la causa que era justa.

Ellos no pueden decir lo mismo.

¿Hacia 2036?

Hace poco más de un año consideraba exageradas aquellas voces que pregonaban la puesta en marcha del PLD de su proyecto para consolidarse en el poder a través de una dictadura constitucional. Incluso, y aún siendo vox populi los casos de corrupción de altos funcionarios, me encontraba un tanto excesivo catalogar a dicho partido como una corporación, aunque reconocía que la organización exhibía algunas conductas que se amoldaban a esta calificación. He de confesar que, sin ser peledeísta, estos pregones me parecían intentos desesperados de una oposición que eligió como candidato al peor que tenía para batirse contra el partido oficialista (esta afirmación no es rotunda, porque el otro era igual de peor, o más peor, o… bueno, mejor sería consultar el “peorímetro” para sacar una conclusión definitiva). El caso es que el PRD presentó al país como candidato a uno de los presidentes más impopulares de nuestra historia pseudo-democrática, tanto que en una república tan bananera como ésta, y detentando la presidencia, no pudo reelegirse.

Quizás mi ceguera se debía precisamente a la oposición, modesta pero constante, que hice a Hipólito Mejía durante su gobierno. Es que fue tan nefasto su mandato que cuando el PLD volvió al poder llegó casi con un cheque en blanco. Era demasiado fácil, para un pueblo acostumbrado al “menos malo”, comparar los desaciertos y concluir indefectiblemente que seguía siendo mejor cualquier cosa que Hipólito. Aquella famosa encuesta, sin rigor científico alguno, que proclamaba al diablo como vencedor en una contienda electoral, resulta sintomática del sabor que dejó el mandato de Hipólito en el pueblo. Y me aventuro a afirmar que se mantiene, pues en la campaña él mismo se encargó con sus desaciertos de recordarnos esos cuatro años que nos sacudimos de encima en 2004 como la peste bubónica.

No puedo culpar a nadie más que a mí misma de no haberme dado cuenta antes de lo que gestaba el PLD. Más bien de no haberme querido dar cuenta. El PRD tiene una responsabilidad ineludible ciertamente, pero yo tomé el camino de la comodidad. De ocuparme de otras cosas y no prestar atención al proceso de apropiación del país que vino ejecutando el PLD, cuya primera fase culminó con la aprobación de una Constitución que consolida en sus manos todos los poderes de contrapeso.

Ahora estamos en una situación en la cual las apariencias importan poco. Habiendo concentrado los tres poderes del Estado en sus manos, y habiendo incorporado a cerca del 15% de la población electoral a su proyecto clientelar, no es necesario ni siquiera hacernos el teatro de que la maquinaria estatal funciona correctamente.

La justicia, generalmente el último poder en perder las apariencias, nos ha dado una bofetada tras otra con el agravante de sonrisa burlona. Y esto no es algo para tomar a la ligera: somos rehenes de un gobierno de truhanes que en caso de necesitarlo utilizarán al poder judicial para legitimar sus fechorías en detrimento nuestro. Ya lo han hecho, y aún el observador más inocente puede apercibirse de que en los últimos meses el Ministerio Público y los tribunales han hecho lo imposible por presentarnos una sentencia o auto injusto tras otro.

A esto se suma el Tribunal Superior Electoral, que ha avalado la destrucción del PRD, emitiendo una sentencia basada en argumentos que mi sobrino de 7 años desmontaría.

Y si bien es cierto que el PRD no está en absoluto exento de responsabilidad, como partícipe que ha sido de la incipiente partitocracia dominicana, no lo es menos que la destrucción del mismo nos afecta a todos. No se trata de simpatizar o militar en el PRD, sino de que el cisma que está experimentando el partido es la consumación final del esquema de unipartidismo genialmente planificado y ejecutado por el PLD.

La democracia dominicana está en peligro. La seguridad que tiene el PLD de que ha neutralizado cualquier amenaza a su hegemonía se manifiesta diariamente en la soberbia de los dirigentes morados, en sus decisiones, en sus declaraciones, cada día más descabelladas; tanto que luego de escuchar que gobernarán hasta el 2036 no me sorprendería que apareciera una postalita estilo “Dios y Leonel”.

Y mientras seguimos con nuestra vida, pagando cada vez más cara una gasolina que Venezuela no nos ha cobrado aún, llegando a fin de mes a duras penas por el encarecimiento de la canasta familiar, temiendo por nuestra seguridad en las calles; un día nos despertaremos y nos daremos cuenta de que somos esclavos en nuestra tierra, de que no podemos hablar, pensar, hacer, y que nada de lo que producimos nos pertenece, pues una organización todopoderosa lo controla absolutamente todo.

Yo no sé dónde está el límite del aguante, pero por dios! Ya está bueno!

Respuesta a Yago

El ex-presidente Leonel Fernández publicó el siguiente artículo en el Listín Diario, del cual parto hoy: http://www.listindiario.com.do/la-republica/2013/6/3/279302/Elogio-a-la-Calumnia

En el mismo se explaya sobre la trama de “Otelo”, obra ilustre de Shakespeare, y para cuya sinopsis refiéranse pues, al escrito del ex mandatario. Como nos tiene acostumbrados, utiliza una prosa en momentos rebuscada, aunque justo es reconocer que como pieza literaria no es su mayor exponente de “prepotencia léxica”, quizás en un intento de que sus palabras sean verdaderamente comprendidas por el ciudadano común (hecho este que resultaría en exceso revelador).

Pues bien, el artículo se titula “Elogio a la Calumnia”, y la nota introductoria es: “Al contemplar un fenómeno de tal nivel de vileza y depravación, preciso es recordar la frase inmortal de Víctor Hugo: “Dejarse calumniar es una de las fuerzas del hombre honesto.” Tal es, al mismo tiempo, el mejor elogio a la calumnia.” 

Supongo que ese tal fenómeno de vileza y depravación a la que se refiere el ex-presidente es la querella interpuesta en su contra por el Doctor Guillermo Moreno, y de paso el aumento en las “calumnias” que algunas personas nos atrevemos a expresar públicamente sobre su persona y las “indelicadezas” que ha cometido en sus gestiones.

Pero se equivoca Leonel Fernández en varios aspectos de su magistral exposición.

En primer lugar me permito hurgar para sacarle la paja del ojo, ya que ese tal elogio a la calumnia al que se refiere no es tal, cuando el supuesto calumniado reacciona cual cucaracha patas arriba al ser embestido en su honra y reputación. Si bien el ex-presidente Fernández abandera según su escrito la frase en la que Victor Hugo atribuye al hombre honesto la fortaleza de dejarse calumniar, resulta al menos paradójico que una y otra vez saque su fichero de favores por cobrar cuando recibe una crítica de esas que él quiere vendernos como infundios.

Además, Leonel Fernández asume de nuevo el papel de víctima vilipendiada por un sector malagradecido, que no sabe reconocer en él el prócer del siglo XXI que en verdad es. Demuestra, cada vez de manera más obvia, su perfil psicológico de narcisista, en el cual se siente Mesías incomprendido y envidiado. Mientras más críticas aparecen, mayor es, según su percepción, la envidia que sienten los demás por él.

Aquí cabe incluso apuntar que esa victimización del gran hombre injuriado por aquellos que deberían besarle los pies la hace con su característica arrogancia, evidenciada en su necesidad de plasmar hasta dónde llegan sus conocimientos, en este caso de literatura. Obvio es que su escrito no está dirigido al pueblo, ese pueblo que él aspira volver a gobernar. No está dirigido a la masa, no, porque la masa no sabe quién fue Erasmo de Rotterdam, ni Victor Hugo, y probablemente ni siquiera Shakespeare. Y no lo sabe porque este hombre tuvo 12 años para invertir en su pueblo y no lo hizo. Porque si este señor hubiera gobernado para su pueblo hoy viéramos parte de los frutos de sus gestiones reflejadas en nuestra gente. Porque del 1996 a acá son 17 años, más que suficientes para tener impacto en una generación. Pero no. Jamás. Impensable tener un pueblo que al leer ese escrito pueda entender de quiénes está hablando. Impensable, porque la reacción buscada es precisamente la que encontrará: “Pero la verdad que Leonel es inteligente, mira cómo cita a los filósofos! Cuánto sabe este hombre, ese Erasmo seguro fue uno de los romanos esos que oigo mentar!”. Y esto, en lugar de darle pena, como nos da a nosotros, a él le inflará el ego; precisamente lo que él necesita más que el oxígeno.

Finalmente se equivoca Leonel pretendiendo que nos solidaricemos con él, por las pérfidas actuaciones de “Yago” que buscan denostarlo. Yerra de forma excesiva cuando busca maquillar su perfidia y endilgarle a otros aquello de lo que él adolece.

Es que señores, aquí el verdadero Yago es él. Y así como Yago tuvo un último momento de genialidad que le permite llevar a cabo su plan macabro, este Yago está ejecutando otra de sus maniobras, típica por más, en la cual su victimización y la exposición de todas las supuestas bajezas de que es capaz todo aquel que lo cuestione le deja servida en bandeja de plata la verdad absoluta. 

Le digo, señor ex-presidente, que en ese juego cae el rebaño que usted quiso dejar embrutecido cuando le ha sobrado el tiempo para educarlo; que usted ha mantenido a través de una beneficencia que no es tal pues exige apego en las urnas; que usted ha premiado con prebendas sabiendo que hay almas que se venden, por las razones que sean.

Pero otros, que llevamos en nuestra sangre la herencia del amor a esta patria, la sangre de próceres y el recuerdo de líderes que usted convenientemente decidió utilizar cuando le conviene, estos otros muy a su pesar no somos borregos ni tan estúpidos como para que usted nos falte el respeto erigiéndose en lo que ha demostrado no ser.

Le agradezco, eso sí, haber considerado a aquellos que nos agenciamos una educación privada medianamente de calidad al momento de elegir su prosa, que nos permite comprenderla en su justa dimensión.

Pero no lo dude ni por un instante: Usted es Yago.

El pueblo quiere circo

Desde mi última publicación han sucedido cantidad de cosas en el país que me han puesto difícil la elección de un tema a desarrollar. Como buen circo, hemos presenciado actos malabares, fieras “domadas”, trucos de prestidigitación, pepinos especiales, entre otros. Nada nuevo, por supuesto, son los mismos viejos trucos que se han convertido en clásicos, y que tienen la virtud de continuar divirtiendo y distrayendo al pueblo.

El primer acto de entretenimiento, para el cual teníamos asiento preferencial, fue el discurso del presidente Danilo Medina, y particularmente la parte relativa a la Barrick Gold. Hasta ese momento no habíamos escuchado palabras tan contundentes de la boca del mandatario, y por un momento hasta nos sentimos orgullosos de que se pusiera los pantalones y defendiera el patrimonio que el megalómano casi regaló, con la anuencia de las morsas. Sí, señores, es que el show incluyó morsas que aplaudían efusivamente a pesar de haber sido ellas las que firmaron un contrato doloso que aparte de ser financieramente lesivo al país, compromete potencialmente la vida de cientos de miles de dominicanos. El tema de la megaminería con cianuro y la actitud irresponsable y oscurantista de Barrick Gold es material extenso para otra publicación. Pero veo necesario anotar que la seguridad jurídica en ningún caso puede esgrimirse para justificar el dolo en un contrato, el cual es un vicio de consentimiento y hace al mismo susceptible de nulidad, y que la vida y la salud de los/as dominicanos/as va primero que cualquier principio contractual en el derecho internacional.  En segundo lugar, las morsas aplaudidoras son cómplices de este dolo, pues siendo responsables de velar por los intereses del pueblo dominicano aprobaron dicho contrato siguiendo las directrices de su jefe Leonel Fernández, vayan ustedes a saber a cambio de qué, quizás simplemente de caer en gracia con el faraón.

En ese sentido, debemos en todo momento recordar que peor demonio que la Barrick son esas morsas, que fueron quienes aprobaron el contrato en sus condiciones actuales. Y miren que decir que son peor que la Barrick ya es mucho. Es pues necesario que estas morsas se presenten en un próximo acto, en el cual esperamos sea establecida su responsabilidad y complicidad en esta suciedad.

La segunda presentación del circo fue el conflicto de la Asociación Dominicana de Profesores con el Ministerio de Educación, basado en el reclamo de la primera de un aumento de sueldo. Por supuesto, la gran prestidigitadora, doña Ministra Sinvergüenza, en un principio cerró las puertas a las negociaciones, a pesar de que apenas inaugurada en su cargo se casi duplicó el suyo, de RD$185,000 a RD$300,000. Es talentosa la doña, ya que realizó esta “hazaña” en medio de una política de austeridad y ha logrado salir prácticamente ilesa del escarnio público, y por supuesto sin reprimendas por parte del presidente. Recordemos que el sueldo base de los/as maestros/as no llega a los RD$9,000; así que mientras la doña sinvergüenza hace fiesta con el 4% subiéndose su sueldo, pretende mantener a las maestras en la miseria, a pesar de ser mucho más merecedoras que ella de disfrutar de un sueldo digno, por la honorabilidad del rol que desempeñan en la sociedad. Este acto ha venido acompañado de una sucia campaña mediática, tendiente por un lado a denigrar a las maestras, y por el otro a exagerar el peso presupuestario que tendría dicho aumento para el Ministerio. Además, el Ministerio argumenta que dicho aumento debe estar sujeto a una evaluación de los/as docentes; evaluación que el mismo Ministerio incumple, pues la última se realizó en 2008 a petición precisamente de los/as docentes. Creemos en una reforma integral del sistema educativo, creemos en la capacitación y evaluación de los/as maestros/as, pero creemos que por sobre todas las cosas, las personas que educan a nuestros hijos deben ser reconocidas por la sociedad, en primer lugar con una remuneración justa que les permita disfrutar de una vida digna, y en segundo lugar con la cobertura de los servicios básicos de salud y seguridad social. Por lo tanto este truco fue sencillamente de mal gusto, y recomendamos sea eliminado de la función.

El intermedio consistió en un hermoso acto de doble moral, con la DNCD incautando una yipeta perteneciente a la presentadora Angie Agramonte, en la cual se encontraron US$300,000 vinculados al narcotráfico. La DNCD en un gesto precioso de protección de la honra de la presentadora se negó a publicar su nombre, ya que determinó que no estaba ligada a la red que estaban investigando, sin importar que dicha omisión manchara la reputación de otras presentadoras que ya estaban sonando. Al final, debido a la opinión pública generada y a las declaraciones del Procurador, la DNCD, cual desenlace de un culebrón colombiano (chiste fácil), dio a conocer el nombre. Muchos se preguntaron a quién estará ligada sentimentalmente la presentadora para que con ella se hiciera una excepción en un caso de narcotráfico, pues cuando agarraron a Martha Heredia tratando de sacar heroína no dudaron en hacerlo público. En definitiva este lapso sirvió para desviar por un momento la atención de cosas más importantes, y generar un clima de suspenso, siempre deseado en el circo.

Luego de este jugoso intermedio llegamos al tercer acto, el de equilibrio sobre la cuerda tensa. Sí, resulta que la Policía Nacional ha estado incursionando en este arte, aunque realmente aún debe perfeccionarlo. Intentando balancearse entre ser una institución defensora de los derechos de los ciudadanos y ser una institución represiva, todavía pierde el equilibrio hacia este último lado. Ante un grupo de manifestantes pacíficos que hacían una vigilia frente a la JCE (reclamando la restitución de sus documentos, administrativa y arbitrariamente negados por ser de ascendencia haitiana), se aparecieron en actitud intimidatoria, les detuvieron y les llevaron al destacamento. ¿El motivo de la detención? Ellos dicen que el grupo estaba montando una casucha, aunque las fotos lo desmienten. Recordemos que cuando dispersaron al grupo que se apostó frente al PNUD alegaron que se estaban instalando estufas. Pero ante la reacción inmediata de las redes sociales, y una orden directa de la fiscal del Distrito Nacional, la policía tuvo que echar para atrás la medida y liberar a los detenidos. Es decir, la población y la fiscal tuvieron que recordarle a la PN que el derecho a protestar es un derecho constitucionalmente protegido, y de nuevo ayudarles a repasar cuál es su rol. No creo yo que hayan aprendido nada, pero bueno, quizás si lo siguen intentando algún día logren cruzar de un extremo a otro de la cuerda. Interesante fue que todo esto sucedió en vísperas de una audiencia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso de la negación de documentación. Es decir que hubo una conexión perfectamente ejecutada entre un acto y otro. Y fue precisamente en esta audiencia, que fue el acto de los payasos, en la que pudimos disfrutar del cinismo del Gobierno en todo su esplendor. Efectivamente, el Gobierno hizo despliegue de argumentos irrefutablemente absurdos y antijurídicos, que como poco incluyeron saltarse el principio constitucional y universal de la irretroactividad de las leyes. Payaso prepotente, llegó incluso a pedirle a la Corte no fijar más audiencias porque el tema está, para el Gobierno, suficientemente debatido.

Para finalizar el show, nuestro presidente se dio un paseo por Las Matas de Farfán, donde olió pepino. Este es un punto muy interesante, que merece ser estudiado. Creemos que el mensaje que nos está haciendo llegar el presidente es, en primer lugar, que el pepino es bueno y que debemos incorporarlo a nuestra dieta. También que el pepino huele bien, y en ese sentido quizás debamos comenzar a hacer popurrí. Lo que no nos queda muy claro son los efectos que produce oler pepino, y creemos que sería útil que el presidente nos los detallara, pues si él sabe algo que nosotros no, justo es lo comparta, por el bien de las y los dominicanos.

Como ven, es una presentación circense muy completa, que me ha hecho extenderme sin poder abarcar cada uno de los actos en toda su extensión. Las entradas son gratis para todas aquellas personas con cédula. Favor tener en cuenta que aquellos que no tengan cédula serán utilizados en el show. Al final de cada presentación se rifarán pepinos.

Bahía de las Águilas: ¿Felicidades Sr. Presidente?

El día de ayer nuestro presidente Danilo Medina revocó el poder otorgado la semana pasada al Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, César Pina Toribio, en el cual le autorizaba a transar con supuestos terceros adquirientes de buena fe de terrenos en Bahía de las Águilas y el Parque Nacional Jaragua.

Cuando la semana pasada, ese funesto 14 de febrero, se filtró dicho poder a través del periódico digital 7días.com.do , las reacciones no se hicieron esperar. Yo misma hice una publicación en la cual hacía el mejor intento para plasmar mi frustración y el ultraje del que personalmente me sentía víctima. Es que la ambición desmedida del Comité Político del PLD parece no tener fin, y llega a extremos insospechados. No les basta con hacernos pagar un déficit que causaron por sus gastos desmedidos de campaña electoral, incluyendo las conocidas botellas de Möet Chandon que se bebieron las promotoras a “pico de botella” en los mítines, y cuya factura estamos cubriendo nosotros.

Ese descaro ya resulta ínfimo ante la desfachatez de pretender lucrar a un grupo de delincuentes que adquirieron fraudulentamente terrenos del Estado dentro de un área protegida. Nos hace cuestionarnos cuáles son los verdaderos intereses de la cúpula morada, para de manera tan descarada pretender que nos tragáramos la legitimación de ese fraude. Y comenzamos a vislumbrar algo… alguito, cuando vemos que el ex presidente Leonel Fernández, apenas días antes de concluir su mandato, suscribe un contrato de venta entre el Estado dominicano y un tal Augusto Meroni, mediante el cual le vende a precio de vaca muerta unos 62,500 mt.2 nada más y nada menos que en la ya conocida parcela 215-A, en Bahía de las Águilas.

Resulta obvio que el Politburó pretendía llevar la transacción con los propietarios fraudulentos de manera silenciosa, que no contaban con que el poder de Danilo Medina a Pina Toribio se filtrara; y evidentemente les salió el tiro por la culata. Pero el simple hecho de haber tenido la iniciativa de transar con delincuentes y engañar a la población de semejante manera, vendiendo nuestro patrimonio al mejor postor, nos hace sospechar que verdaderamente existen intereses dentro de esta cúpula en ese “negocio”.

Yo ya en mi publicación anterior entraba en detalles sobre el atentado a la seguridad jurídica, al derecho fundamental a la propiedad, y el golpe al Estado de Derecho, concretamente con la injerencia del Poder Ejecutivo en el Judicial.

Pero es que estos buitres, como se les ha llamado en los últimos días, poseen una soberbia y una terquedad dignas de asco, pues al día de hoy el Ministro de Turismo, Francisco Javier García, sigue emitiendo declaraciones ambiguas, que dejan entrever que mantiene su postura de que la transacción con los ladrones era la mejor salida. Un Ministro que por el papel que jugó en toda esta trama debería haber dimitido.

Pero qué va. Aún habiendo montado un circo la semana pasada, con una rueda de prensa en la que tanto él como el Ministro de Medio Ambiente y el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo justificaban la negociación, con el argumento populista de que el Sur merece desarrollarse, y habiendo posteriormente convocado a los periodistas pagados por el Gobierno a una rueda de prensa a puerta cerrada, para darles las directrices sobre cómo vender, durante toda esta semana, dicha decisión de transacción a la población (ojo, que sólo fueron invitados los megáfonos oficiales del Gobierno, a los demás no se les permitió entrar); aún habiendo el mismo presidente revocado dicho poder, por haber sido imposible justificar lo injustificable, no existe ni en estos dirigentes ni en las velloneras gubernamentales actitud de contricción, humildad, ni dignidad suficiente para admitir su equívoco. Lo que existe es prepotencia y la insistencia en argumentos traídos por los cabellos, que atentan seriamente contra el Estado de Derecho.

Yo no creo que al presidente Danilo Medina haya que felicitarlo por haber revocado el poder. Como tampoco creí que merecía ser felicitado cuando asignó el 4% a la educación. Es que se supone que el presidente de la República es elegido para gobernar con apego a las leyes y a la Constitución: ése es su trabajo y debería ser la norma. Las reacciones deben venir cuando el presidente actúa contrario al ordenamiento jurídico, como ocurrió la semana pasada.

Sin embargo, sí creo que hay que reconocerle al presidente Medina haber rectificado, pues ello requiere de la humildad y dignidad a la que me refería, y de la que carecen sus socios. Ante la presión a la que ha de estar sometido por el grupúsculo que le rodea, tomó la decisión correcta y enmendó su error. Y esto merece nuestro reconocimiento. En lo personal, con esta actitud, el presidente Medina recuperó ante mis ojos parte del respeto perdido.

Pero sobre todo, creo que la decisión del presidente nos debe servir de lección a todos y todas quienes nos movilizamos por esta causa, pues en una sola semana logramos una victoria importante, que no completa, pues aún queda pendiente que el Poder Judicial nos dé cátedra de independencia al fallar este expediente.

La decisión de Danilo Medina debe servir para empoderarnos, pues hemos comprobado que si nos unimos los ciudadanos podemos ejercer presión. El país es nuestro y hemos permitido por demasiado tiempo que unos pocos se lo repartan o nos roben descaradamente. Ya tenemos suficientes ejemplos de lo que se puede lograr cuando nos lo proponemos: Los Haitises, el 4% para la educación, Bahía de las Águilas.

Es nuestro deber comenzar a crear ciudadanía, y es lo que estamos haciendo. Sigamos adelante, pues de ello depende nuestro presente y el futuro de nuestros hijos. Comencemos a ser ciudadanos responsables, que exigen a sus gobernantes transparencia y apego a la ley, y enseñemos a nuestros compatriotas a hacer lo mismo. Ya basta de conformarnos, de mantenernos detrás de una pantalla del computador, de insistir en que la pasividad es el mejor camino. La pasividad jamás rindió frutos: ahí está la historia de Hitler.

Jugando con el Miedo

El nivel de prepotencia exhibido por el jefe de la Policía Nacional, mayor general (así, con minúscula) Polanco Gómez, dejaría pasmado a cualquiera que no sea un ducho en dominicanadas. Pero aún el más conocedor de asuntos autóctonos no debe menos que asombrarse ante el descaro con que la Policía Nacional pretende someternos a SUS leyes, saltándose completamente sus atribuciones.

Jugando con el miedo que padece la ciudadanía ante la inseguridad y criminalidad que sacude a la sociedad dominicana, la PN, en un discurso demagógico, se erige en los tres poderes del Estado, como una especie de trinidad sagrada que nos obliga, hasta a los no creyentes, a persignarnos o encomendarnos a cualquier santo que quiera cargar con la responsabilidad de protegernos contra ellos.

Y es una tremenda manipulación, que gana incluso fervientes seguidores de la línea trazada por la PN, que precisamente por el miedo, entienden que la institución tiene, no ya el derecho, sino el deber, de “darle para abajo” a los delincuentes, sin ningún tipo de apego a la Constitución y las leyes vigentes en la República Dominicana. Así vemos, por ejemplo, cómo “honorables” diputados que, por su función, deberían ser conocedores de las leyes, alientan a la Policía Nacional a saltarse el ordenamiento jurídico. Vemos también cómo sectores de la sociedad aplauden incluso las actuaciones arbitrarias, incluidos los famosos y convenientes “intercambios de disparos”, como únicas alternativas para acabar con el crimen. Estos sectores pretenden entregarle de facto al jefe de la Policía Nacional una patente de corso para actuar contra una delincuencia que la misma institución define: quién fue, cómo fue, el por qué y las circunstancias en que dicha persona fue abatida (siempre, indefectiblemente, en un intercambio de disparos en el que a los agentes no les quedó más remedio que dispararle y ultimarlo).

Pero la obra maestra no acaba ahí. Porque en ese populismo conscientemente fomentado por la PN en sus actuaciones, viene incluido el descrédito de aquellos que osan levantar la voz en defensa del debido proceso. Ante horrendos crímenes, la PN ejecuta al supuesto culpable, y cuando alguien se atreve a opinar sobre los métodos utilizados por la institución, le cae el cubo de estiércol. Que los “Derechos Humanos” (como dicen) sólo defienden a los delincuentes, pero que dónde estaban los “Derechos Humanos” cuando se cometió el crimen contra la víctima. Se erige entonces la Policía en salvadora de la sociedad, en la única institución que le da su merecido a los delincuentes; y se convierte el ordenamiento jurídico en un estorbo para hacer justicia. Se aplauden estos atropellos de la Policía, llegando incluso a emitirse opiniones en el sentido de que con estas ejecuciones finalmente la Policía está haciendo su trabajo.

En ninguna democracia que se respete (o que nos haga creer que se respeta), se les da el rol de decidir sobre la culpabilidad o inocencia a los cuerpos castrenses. Un asalariado del Estado portador de un arma de fuego simplemente no puede tener en sus manos la decisión sobre el destino de una persona. No es gratuito que la democracia prevea una separación de poderes en la cual cada uno, como pieza de un rompecabezas, juega su papel. La Policía no puede erigirse en juez, ni mucho menos en legislador unilateral. Quien porta armas responde a otro; si no no funciona.

Si la Policía Nacional no sabe atrapar vivos a los delincuentes, esa es una deficiencia de la propia Policía Nacional. El alegato de que cuando los someten a la justicia, ésta los deja libres es una bofetada a la institucionalidad. La Policía Nacional no puede tomarse atribuciones porque haya deficiencias en uno de los poderes del Estado.

Mucho se ha debatido (yo incluida) sobre el caso de Jean Carlo De León (alias Cacón), sospechoso de haber ultimado al Teniente Coronel Pedro De La Cruz, quien fue el oficial que pilló a dos fiscales recibiendo dinero de una extorsión. A mí no hay quien me venda la versión de que la policía “tuvo” que matarlo, mucho menos luego de las declaraciones del jefe de esa institución, instando al sospechoso a que no se entregara, para ellos agarrarlo peleando. Esas declaraciones le dieron a los agentes la directriz de que ejecutar al sospechoso ganaría la voluntad del jefe. Ahora resulta que nunca se podrá esclarecer el móvil del asesinato del Teniente Coronel, pues la Policía se encargó de finiquitar al probable poseedor de la información. Aparte de eso, le sirve a la justicia un expediente difícilmente sustentable, que hace que los familiares de la víctima no tengan oportunidad de saber la verdad. Nos piden a todos que aceptemos a ciegas que Cacón fue el asesino del Teniente Coronel, porque ya la Policía así lo decidió, sin permitirnos llegar al fondo del asunto a través del poder del Estado encargado de hacerlo.

Me resbalan los argumentos en favor de tan deleznable comportamiento de la institución encargada de velar por el orden y la seguridad. Las personas que los esgrimen no están entendiendo que mientras apoyen y aplaudan estas actitudes están sellando su propio destino. Le están confiriendo a un cuerpo castrense la arbitrariedad de acusar a cualquiera de lo que sea, y tomar la justicia en sus manos, sin ningún tipo de sustentación por la vía judicial. Están celebrando una cultura represiva que nos devuelve al trujillismo y a los doce años, y que debíamos haber superado. Se están jugando con la democracia, y eso no es ningún relajo.

Todos queremos que haya justicia ante los crímenes que diariamente ocurren en nuestro país. Todos sabemos que el sistema judicial sufre grandes debilidades y tiene enormes retos que vencer para llegar a ser idóneo. Trabajemos por ello, en vez de clavarnos el cuchillo a nosotros mismos, permitiendo que un jefe de la Policía Nacional pueda decidir nuestro destino.

Yo, personalmente, me niego a aceptarlo como la sagrada trinidad.

A Propósito del Día Internacional de los Derechos Humanos

Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Hoy debemos celebrar nuestras conquistas. Hoy celebramos que podemos hablar, podemos reunirnos, podemos transitar libremente, podemos votar, etc.

Pero no olvidemos que en nuestro mismo país, cuya Carta Magna recoge los derechos fundamentales de todos/as los/as dominicanos/as, no todos ni todas ven esos derechos realizados. Recordemos que no todos tienen pan en su mesa, que no todos se benefician de una justicia imparcial, no todos tienen una vivienda digna, no todos tienen acceso a una educación con calidad, no todos tienen salvaguardada su integridad física. NO TODOS PUEDEN HABLAR, NI VOTAR A CONCIENCIA (por miedo, presiones, o porque un pica pollo compra su libertad temporalmente).

Recordemos también que las mujeres no recibimos igualdad de derechos. Que nuestro acceso a medios de planificación sexual está en franca desventaja con respecto a los hombres. Que esos “honorables” que supuestam

ente nos representan, como mitad de la población que somos, pretenden vulnerar nuestros derechos que creíamos conquistados. Que la violencia de género va en escalada y los mecanismos para prevenirla son insuficientes, poco efectivos, y además pretenden ser recortados. Que las mujeres, al igual que los pobres, estamos totalmente desprotegidas y desprotegidos por nuestro gobierno.Un día como hoy es necesario hacer una reflexión, mirar hacia adentro y ver que estamos, hoy más que hace muchos años, muy lejos de ser un Estado de Derecho. Es imperativo que nuestra sociedad, que finalmente está despertando, no cese en la lucha por construir una Nación de iguales. Que exijamos lo que nos corresponde, que paremos el abuso.

Es una vergüenza que en el umbral del 2013 un país que se suponía democrático no tenga exceso de razones para celebrar, con orgullo, el Día Internacional de los Derechos Humanos.