De comités políticos, cismas y oposición

Por nuestra historia han pasado muchos gobernantes que han dejado su huella en las carencias democráticas que tenemos hoy, pero, con excepción de Trujillo (y hasta nuevo aviso), Leonel Fernández ha de ser el más infame. Se preguntarán por qué no menciono a Balaguer: La razón es que en realidad sabíamos de dónde había salido Balaguer, conocíamos sus antecedentes, y aún así permitimos que los americanos nos lo impusieran, y para rematar lo elegimos varias veces (no todas, eso sí). Sin embargo, Leonel se coló y se quedó; no lo conocíamos, sabíamos muy poco de él, lo cual utilizó en su beneficio y nos vendió gato por liebre. No solamente nos presentó su imagen de estadista progresista, internacional, culto, democrático, sino que en su primer mandato se empleó a fondo en modernizar el Estado y sus instituciones, para maquiavélicamente ir creando las bases sobre las cuales erigirse como caudillo, salvador y padre de la patria (¿nueva?).

Al día de hoy Leonel es el dueño de la República Dominicana, y se lo merece, porque trabajó muy duro para ello. No sólo a lo interno del partido, cesando indefinidamente al Comité Central y dándole poderes feudales al Politburó (ah, perdón, que me dicen por aquí que eso de politburó es de dictaduras comunistas personalistas, quiero decir el Comité Político) el cual es controlado absolutamente por él, sino también funge en la práctica como presidente en funciones del país.

En teoría, el gobierno es gobierno y el partido es partido. El partido en el poder debe ajustarse a las estructuras gubernamentales para impulsar su plan de gobierno durante su mandato. Lo que sucede en las dictaduras es que, a pesar de lo que el partido pretenda proyectar hacia afuera, en efecto el líder y su cúpula gobiernan. Podríamos enunciarlo de manera más sencilla: si Leonel y el Comité Político del PLD son quienes de facto gobiernan, hay indicios de dictadura.

¿Lo agravamos? Bien: Sumémosle a lo anterior que el PLD posee el control del Congreso. Bueno, está bien, en democracia esto es legítimo. Incluso vamos a dejarles pasar la compra masiva de votos. Lo que sí es cierto es que por la estructura interna del PLD resulta que ahora su Comité Político controla al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo. Este es un Legislativo que se debe a las directrices del Comité Político y no de sus votantes, como en reiteradas ocasiones nos ha recordado, no vaya a ser cosa que nos hayamos creído que por elegirles tenemos derecho a exigirles, ¡vaya, las cosas que se nos ocurren a los votantes! Pues bien, creo que ahora el indicio de dictadura se ve más claro.

¿Pero, hay más? me preguntarán ustedes (retóricamente, supongo), y yo les diré que debemos ver qué sucede con el tercer poder del estado. Y, ¡oh sorpresa! resulta que hasta de controlar el Poder Judicial se encargó Leonel, a través del último Consejo General de la Magistratura, designando a dedo a juristas afines e incluso (muy incluso) militantes y altos dirigentes del PLD en la configuración de la Suprema Corte de Justicia. La balanza de la justicia se encuentra absolutamente desequilibrada, sin ningún tipo de contrapeso. Y es por eso que vemos un Procurador apático a canalizar demandas de corrupción de miembros del Comité Político. Si acaso prospera una, cae en manos de un juez que la desestima. Con el tercer Poder del Estado haciéndole compañía a los otros dos también en manos de dicho Comité, me parece a mí que el indicio de dictadura ya no es tan indicio. Yo a esto ya lo llamaría por su nombre y apellido: Dictadura Constitucional.

Pero esto ya lo sabíamos desde hace un tiempecito. Sólo le faltaba a Leonel poner la guinda en el pastel: aniquilar la oposición. Ése ha de ser uno de los episodios más macabros de este nefasto personaje, que tan maquiavélico fue, planificando al mejor estilo “cerebro” cómo conquistar la República Dominicana para su beneficio personal y el de sus lugartenientes, que cuando muchos nos vinimos a dar cuenta ya era muy tarde.

Antes de entrar en este tema debo reiterar que yo no simpatizo, ni nunca he simpatizado, con el PRD, partido que carga con una inmensa cuota de responsabilidad por el Estado fallido que intentamos llamar patria.

Pero el PRD, que lleva desde su fundación un camino de autodestrucción que nunca ha llegado a concretarse (ojalá lo lograran ya, hubiera dicho yo en un momento distinto a este), dejó que el “gran líder” lo superara en astucia. Se dejó utilizar de una manera patética para los fines más viles de Leonel Fernández, quien logró provocar el peor cisma en la historia de ese partido. Todos conocemos los acontecimientos que han llevado a esta ruptura, en la cual los dos principales caudillos se encuentran enfrascados en una encarnizada batalla por el poder del partido, habiendo sido uno de ellos (ex presidente del país, por más señas) expulsado de las filas por la otra facción, con el aval de la Junta Central Electoral. Queda un PRD agonizante, en cuidados intensivos, con un pronóstico nada prometedor. No sabemos lo que va a ocurrir con el PRD, tenemos nuestras sospechas, pero yo personalmente no veo ni en Miguel Vargas ni en Hipólito Mejía personas que reúnan las condiciones que yo busco para un presidente.

Pero lo más escalofriante no es si Miguelito o Hipólito tienen madera para dirigir esta nación (creo que Hipólito ya se empeñó en demostrar que no la tiene en su gestión, mientras Miguel hizo lo propio facilitando la división del partido). Lo más escalofriante es que mientras el PRD hace mitosis con dudosos resultados, en este país no hay oposición política.

Repito: En la República Dominicana no hay oposición política.

Hace tiempo que Maquiavelo conquistó y neutralizó al PRSC, cosa que debe provocarle a Juan Bosch tremendas migrañas en su tumba. Sólo quedaba el PRD como contrapeso, como fuerza política capaz de medírsele al PLD y derrotarle en las urnas. Ya ni eso. Si el PRD sobrevive a este cisma quedará bastante malogrado y disminuido, llevándose Hipólito una tajada importante de las masas. El que crea que el perredeísta vota blanco independientemente de Hipólito, que salga a la calle a preguntar. La obra de Leonel estuvo tan bien orquestrada que logró en el PRD lo que jamás se había visto: el expulsado tiene más gente que el presidente del partido, quien es visto como un traidor. Esta situación deja a la sociedad civil desamparada, puesto que dentro de un Estado de Derecho los partidos fuera del gobierno tienen el deber de hacer una oposición responsable. Además, augura unas futuras elecciones aún más desiguales que las pasadas, con el PLD con mayores medios para garantizarse el triunfo, por un lado, y con un perredeísmo débil y dividido, por el otro.

Si recapitulamos vemos que el comité político del PLD, con el “gran líder” Leonel Fernández a la cabeza, tiene el control del Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial; que no existe oposición política y que el PLD implementa una política clientelar que convierte a un porcentaje muy elevado de la población en sus asalariados.

¿Les recordé que a todo esto Leonel Fernández no es presidente de la República?

Al que aún dude de que todos los elementos anteriores son los ingredientes necesarios para una dictadura, no le pediré que se lea manuales y manuales de filosofía o ciencias políticas. Busque en Google.

Es mi opinión que ante este panorama a los ciudadanos nos queda la vía de hacer oposición civil. Planificada, contundente, sistemática. Ya a estas alturas solo depende de nosotros rescatar este país que insistimos en querer porque nos vio nacer. Cada quien de acuerdo a sus aptitudes o vocación. Me han hablado mucho de que hay que fundar un partido, o que hay que enrolarse en los partidos existentes. Creo que a nadie se le puede imponer su manera de involucrarse en el cambio. El que quiera hacerlo desde la política que lo haga. El que no tenga esa vocación que participe en otras formas: ya sea en los encuentros, marchas, charlas, asambleas, etc.

Es muy cierto que el movimiento social que se ha fortalecido en los últimos años es crucial para ejercer presión y aspirar a un Estado de Derecho. También es muy cierto que llegó la hora de sentarnos y hacer un plan estratégico a corto, mediano y largo plazo que nos permita alcanzar las metas que nos proponemos, el cual debe además tener como prioridad el empoderamiento de la gente. Algunos hemos despertado, pero hay otros que necesitan un empujón, y es nuestra responsabilidad dárselo. Pero hay que hacer las cosas bien hechas y de manera sistemática. Yo no tengo todas las respuestas, pero sí muchas ideas y la disposición de entregarme en cuerpo y alma a nuestro proyecto de democracia.

Jugando con el Miedo

El nivel de prepotencia exhibido por el jefe de la Policía Nacional, mayor general (así, con minúscula) Polanco Gómez, dejaría pasmado a cualquiera que no sea un ducho en dominicanadas. Pero aún el más conocedor de asuntos autóctonos no debe menos que asombrarse ante el descaro con que la Policía Nacional pretende someternos a SUS leyes, saltándose completamente sus atribuciones.

Jugando con el miedo que padece la ciudadanía ante la inseguridad y criminalidad que sacude a la sociedad dominicana, la PN, en un discurso demagógico, se erige en los tres poderes del Estado, como una especie de trinidad sagrada que nos obliga, hasta a los no creyentes, a persignarnos o encomendarnos a cualquier santo que quiera cargar con la responsabilidad de protegernos contra ellos.

Y es una tremenda manipulación, que gana incluso fervientes seguidores de la línea trazada por la PN, que precisamente por el miedo, entienden que la institución tiene, no ya el derecho, sino el deber, de “darle para abajo” a los delincuentes, sin ningún tipo de apego a la Constitución y las leyes vigentes en la República Dominicana. Así vemos, por ejemplo, cómo “honorables” diputados que, por su función, deberían ser conocedores de las leyes, alientan a la Policía Nacional a saltarse el ordenamiento jurídico. Vemos también cómo sectores de la sociedad aplauden incluso las actuaciones arbitrarias, incluidos los famosos y convenientes “intercambios de disparos”, como únicas alternativas para acabar con el crimen. Estos sectores pretenden entregarle de facto al jefe de la Policía Nacional una patente de corso para actuar contra una delincuencia que la misma institución define: quién fue, cómo fue, el por qué y las circunstancias en que dicha persona fue abatida (siempre, indefectiblemente, en un intercambio de disparos en el que a los agentes no les quedó más remedio que dispararle y ultimarlo).

Pero la obra maestra no acaba ahí. Porque en ese populismo conscientemente fomentado por la PN en sus actuaciones, viene incluido el descrédito de aquellos que osan levantar la voz en defensa del debido proceso. Ante horrendos crímenes, la PN ejecuta al supuesto culpable, y cuando alguien se atreve a opinar sobre los métodos utilizados por la institución, le cae el cubo de estiércol. Que los “Derechos Humanos” (como dicen) sólo defienden a los delincuentes, pero que dónde estaban los “Derechos Humanos” cuando se cometió el crimen contra la víctima. Se erige entonces la Policía en salvadora de la sociedad, en la única institución que le da su merecido a los delincuentes; y se convierte el ordenamiento jurídico en un estorbo para hacer justicia. Se aplauden estos atropellos de la Policía, llegando incluso a emitirse opiniones en el sentido de que con estas ejecuciones finalmente la Policía está haciendo su trabajo.

En ninguna democracia que se respete (o que nos haga creer que se respeta), se les da el rol de decidir sobre la culpabilidad o inocencia a los cuerpos castrenses. Un asalariado del Estado portador de un arma de fuego simplemente no puede tener en sus manos la decisión sobre el destino de una persona. No es gratuito que la democracia prevea una separación de poderes en la cual cada uno, como pieza de un rompecabezas, juega su papel. La Policía no puede erigirse en juez, ni mucho menos en legislador unilateral. Quien porta armas responde a otro; si no no funciona.

Si la Policía Nacional no sabe atrapar vivos a los delincuentes, esa es una deficiencia de la propia Policía Nacional. El alegato de que cuando los someten a la justicia, ésta los deja libres es una bofetada a la institucionalidad. La Policía Nacional no puede tomarse atribuciones porque haya deficiencias en uno de los poderes del Estado.

Mucho se ha debatido (yo incluida) sobre el caso de Jean Carlo De León (alias Cacón), sospechoso de haber ultimado al Teniente Coronel Pedro De La Cruz, quien fue el oficial que pilló a dos fiscales recibiendo dinero de una extorsión. A mí no hay quien me venda la versión de que la policía “tuvo” que matarlo, mucho menos luego de las declaraciones del jefe de esa institución, instando al sospechoso a que no se entregara, para ellos agarrarlo peleando. Esas declaraciones le dieron a los agentes la directriz de que ejecutar al sospechoso ganaría la voluntad del jefe. Ahora resulta que nunca se podrá esclarecer el móvil del asesinato del Teniente Coronel, pues la Policía se encargó de finiquitar al probable poseedor de la información. Aparte de eso, le sirve a la justicia un expediente difícilmente sustentable, que hace que los familiares de la víctima no tengan oportunidad de saber la verdad. Nos piden a todos que aceptemos a ciegas que Cacón fue el asesino del Teniente Coronel, porque ya la Policía así lo decidió, sin permitirnos llegar al fondo del asunto a través del poder del Estado encargado de hacerlo.

Me resbalan los argumentos en favor de tan deleznable comportamiento de la institución encargada de velar por el orden y la seguridad. Las personas que los esgrimen no están entendiendo que mientras apoyen y aplaudan estas actitudes están sellando su propio destino. Le están confiriendo a un cuerpo castrense la arbitrariedad de acusar a cualquiera de lo que sea, y tomar la justicia en sus manos, sin ningún tipo de sustentación por la vía judicial. Están celebrando una cultura represiva que nos devuelve al trujillismo y a los doce años, y que debíamos haber superado. Se están jugando con la democracia, y eso no es ningún relajo.

Todos queremos que haya justicia ante los crímenes que diariamente ocurren en nuestro país. Todos sabemos que el sistema judicial sufre grandes debilidades y tiene enormes retos que vencer para llegar a ser idóneo. Trabajemos por ello, en vez de clavarnos el cuchillo a nosotros mismos, permitiendo que un jefe de la Policía Nacional pueda decidir nuestro destino.

Yo, personalmente, me niego a aceptarlo como la sagrada trinidad.

Cuál es la Diferencia?

Un elemento alentador del movimiento de protesta son las personas de generaciones anteriores que manifiestan su apoyo. Encuentro sumamente conmovedores los gestos y las palabras de aquellos que nos animan a hacer lo que su generación no hizo. Nunca perdieron la esperanza, y ahora la depositan en nosotros. Esto me demuestra que el espíritu de los dominicanos está vivo, aunque golpeado por tanto abuso.

Por otro lado están aquellos y aquellas que no ocultan su exasperación con nosotros. Que no cesan en repetirnos que esto pasará, que nos cansaremos, que es algo pasajero, que no perdamos nuestro tiempo, que las cosas no van a cambiar.

Éstos últimos, supongo yo, forman parte de los que nunca tuvieron material para hacer una diferencia.

Tratan de minimizar nuestros reclamos, nuestros logros; nos venden el discurso de que si quitamos a éstos los que vendrán serán iguales. Entienden que el conformismo debe seguir siendo el modelo de conducta a seguir, como si no hubiésemos tenido suficiente en las pasadas décadas.

Yo no quisiera entrar a reclamar a nuestros antecesores. Yo no viví la dictadura ni los 12 años. Quizás por no tener recuerdos de esa represión no tengo ese miedo metido en los huesos. Pero precisamente por eso es que mi generación está teniendo la valentía de reclamar a viva voz lo que considera justo.

Sabemos que un gobierno amenazado es capaz de cualquier cosa. Pero también somos conscientes de nuestras fortalezas. Somos una generación informada y conectada. Sabemos hacer bulla hasta que canse, sabemos investigar y documentar, sabemos argumentar (oh! catástrofe!), y sabemos discernir. Sí, nuestro núcleo es una clase media educada. Y nos lo achacan como si fuera mala cosa. Pero yo digo, enhorabuena! Luego de los sacrificios que hicieron nuestros padres para darnos una educación de calidad, se están viendo los frutos. Somos quienes aglutinaremos al pueblo. Somos quienes les daremos la fortaleza de integrarse, cuando vean que nuestros métodos pacíficos y nuestras conexiones con el mundo anulan cualquier intento de represión. Les daremos valor cuando el gobierno, de manera desatinada, recurra a paleros y nosotros sigamos nuestros reclamos con el mismo ahínco. Porque nosotros no nos dejamos intimidar por tácticas represivas de antaño; sino que las usamos en nuestro beneficio exponiéndolas al mundo.

Abrazaremos a la policía, hablaremos con ellos, les explicaremos nuestras razones y la manera en que también estamos protestando por ellos. Compartiremos el escenario de nuestras protestas con los calieses enviados por el gobierno. Seguiremos hablando por nuestros celulares intervenidos, mandando correos por nuestras cuentas intervenidas, publicando nuestros reclamos en nuestras cuentas de Twitter y Facebook hackeadas. Porque no tenemos nada que esconder.

Sabemos lo que es justo, y eso exigimos. Y no nos importa si las estructuras son tan arcaicas que se resisten al cambio. Tendrán que cambiar, porque no nos conformamos con menos. Estamos haciendo lo que nuestros padres y madres debieron hacer, pero no pudieron. Esta nación debió encaminarse hacia una democracia en desarrollo hace mucho.

Nosotros, en lugar de conformarnos con un sistema que nos exprime, agradecemos a nuestros progenitores habernos brindado las oportunidades que nos permiten hoy tener el valor y los medios para luchar por un mejor país: ÉSA es la diferencia.

En qué mundo viven?

No soy psicóloga ni psiquiatra, ni pretendo serlo. Pero no deja de causarme curiosidad la psiquis de la élite gobernante, con el ex presidente Leonel Fernández a la cabeza. Lo digo sin sarcasmo. Me gustaría comprender ese trastorno que sale a flote cuando personas con serias carencias de índole afectivo, con enormes inseguridades, llegan a una posición de poder.

Ya en este punto, con poco más de dos meses de protestas a causa del déficit fiscal provocado por el manejo poco transparente de la cosa pública, este anillo no ha cesado de asombrarme con sus desatinos. Me pregunto si han perdido el norte de tal manera que ya les es imposible pensar con claridad. Mucho se ha dicho sobre el blindaje que se han construido, el cual incluye un Poder Judicial nombrado a dedo, el control absoluto del Congreso, y la compra de casi todos los megáfonos tradicionales en inventario en el país. No podemos tampoco dejar de lado el clientelismo hiperbólico, que ha hecho de un gran porcentaje de la población empleados superfluos o beneficiarios no meritorios de la maquinaria estatal.

Es normal suponer que una persona que se encuentre dentro de las altas jerarquías de ese círculo se sienta todopoderosa. Es que no es para menos. Pongamos el caso de un bodeguero que humildemente incursionó en la política, y en algún momento (y por supuesto apadrinado) se le presentó la oportunidad de sobreevaluar obras, con lo cual comenzó a amasar una inmensa fortuna. A pesar de las denuncias públicas y la demanda popular de que el bodeguero fuera llevado a la justicia, éste logra un curul en el Senado. Ahora sí es intocable, con su inmunidad parlamentaria salvaguardada por sus congéneres. Reflexionemos: Cómo podría esta persona no sentirse invencible?

Tenemos que entender, desde el punto de vista de ellos, que realmente se creen y se sienten superiores al pueblo dominicano. Y ésa es su perdición. Porque en esa megalomanía que exhibe Leonel, que lo lleva a insultarnos en un discurso patético, a promoverse como ser supremo en los escenarios nacionales e internacionales, a dejar bien claro quién manda en este país; en esa megalomanía se esconden sus peores inseguridades… Las del muchacho de Villa Juana que quería ser pero no era, pero que luego logró ser, y cuando logró ser quiso demostrarle a todos que ya era, y que era más de lo que podría haber imaginado, pues era nada más y nada menos que, en su mente, el dueño absoluto de la República Dominicana.

Y sólo así pueden comprenderse sus reacciones ante la afrenta de estos malagradecidos que hoy protestan. Porque le debemos estar agradecidos. Y por si quedaba alguna duda de que nuestro propósito principal es la gratitud hacia Leonel, él se encargó de darnos una lección, desfilando ante nuestras narices un conjunto de beneficiarios, asalariados o deudores, para enseñarnos cómo debe ser nuestra conducta hacia tan encomiable figura.

Vean ustedes, si se ponen en sus zapatos (cosa harto difícil) lo comprenderán. A él y a su grupúsculo. Y al hacerlo podrán ver que debido a esa burbuja de poder absoluto ellos simplemente no pueden comprender nuestros reclamos, ni las necesidades de un país que ellos quebraron, ni mucho menos encajar las críticas que les hacemos. Al no podernos comprender no nos saben combatir. No tiene nada que ver con el uso de redes sociales, ni con el segmento que protesta, es simplemente el comportamiento típico de la cúpula de una autocracia. Y saben lo que les termina pasando a las autocracias?