La Caravana del Orgullo católico

Me puse para el episcopado dominicano. Miren al grupito de prohombres, a esa rancia casta católica, apostólica y romana.

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Miren qué pinta, qué finura, miren los detalles de las mitras, a cuál más opulenta. Por un momento pensé que se trataba de una caravana del orgullo LGBT por la estridencia y extravagancia de los looks (como he escuchado de este grupo tantas cosas sobre la comunidad LGBT y cuál se supone que es su apariencia). Pero no, se trata de los celosos guardianes de la moral, la ética y los valores de este cristiano país.

Esta es la cuadrilla que siempre ha estado al servicio de los más puros intereses católicos de sí mismos… Pero qué digo! Del pueblo! Son nuestro referente moral.

No olvidemos el celo y la diligencia con la que persiguieron a Wesolowski y al de Juncalito.

Tampoco olvidemos la demanda que pusieron contra Profamilia por pretender (válgame Dios!) educar en salud sexual a través de una campaña publicitaria. Y fue tan injusta nuestra justicia que le dio la razón a esos herejes de Profamilia!

Hoy me siento con un gozo profundo en mi alma, que se regocija ante el Señor, al ver que este grupo de nuevo nos defiende. Esta vez defiende a mi futuro feto, impidiendo que yo decida en ningún caso sobre mi cuerpo. Quién soy yo, sino una hija de Eva, sibilina y manipuladora, como toda mujer? Quienes son ese 22% de adolescentes embarazadas, sino una partida de sinvergüenzas que por tentar la carne lo tienen bien merecido? Qué derecho pueden tener sobre su salud?

Todo esto lo hacen para proteger a los médicos, víctimas también de las maquinaciones de mujerzuelas que se escudan en su minoría de edad para promiscuirse.

Ah, si no tuviéramos al episcopado para condenarnos a todas las mujeres y recordarnos cuál es nuestro lugar. Después de todo, quién mejor que un grupo de hombres solterones para decidir sobre los derechos de las mujeres?

Y bien que hacen plantando cara a la ley sobre derechos sexuales, oponiéndose a la educación sexual en las escuelas, para seguir perpetuando el ciclo de pobreza que convenientemente refuerza ese 22% de adolescentes embarazadas.

Porque si se ofrece educación sexual se va contra la doctrina de nuestro punitivo y medieval Señor (feudal?). No. Nada de educación. Que les baste el catecismo y sino que paguen las consecuencias. Para qué necesitan los adolescentes entender lo que implica un embarazo o un hijo, o saber cómo prevenirlo? Es que es pecado tener relaciones antes de los 18 años, por lo tanto no es necesario hablar de eso en las escuelas. Quien se salga del redil ha pecado y debe purgar su culpa.

Gracias, concejo de ilustres, por guiarnos a nosotros, pecadores e ignorantes, por el sendero de la verdad. Esa verdad católica que debe ser impuesta a todos.

Ustedes, representantes de una institución moderna y vanguardista, como demuestran sus estilismos y tocados en esta fotografía, son las voces que esta sociedad plagada de vicio y apostasía, necesita. Ustedes, que viven al lado del pueblo y conocen más que nadie sus necesidades, que exhiben su solidaridad con los más marginados adoptando un estilo de vida austero y sencillo. Son ustedes los más indicados para decirnos a todos cómo vivir y qué leyes debemos tener.

Gracias, caravana del orgullo católico!

Tres Preguntas

A continuación comparto la entrevista que me hizo Yezmin Cabrera, y que fue publicada en el Listín Diario en Diciembre 14 de 2013:

1- ¿Los derechos humanos son universales o cada civilización tendría un concepto distinto? 

A priori, podríamos afirmar que los derechos humanos son universales, en tanto de ser pretensiones morales han pasado al derecho positivo internacional en la forma de tratados suscritos por la práctica totalidad de los países. Es el caso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (junto con sus Pactos Internacionales y Protocolos Facultativos – documentos adoptados por la Organización de las Naciones Unidas); así como los instrumentos regionales (Convención Americana sobre Derechos Humanos, Carta Africana de Derechos Humanos, Carta Árabe de Derechos Humanos, etc.).

2-¿Podría justificarse una intervención militar por violación a los derechos humanos?

En el caso de las Naciones Unidas, dentro de la amplitud de poderes del Consejo de Seguridad, este puede tomar medidas que impliquen el uso de la fuerza en casos extremos de violaciones a los derechos humanos contenidos en la Carta Internacional de Derechos Humanos. Del mismo modo, la OTAN tiene gran discrecionalidad para intervenir, afianzada en su mandato ideológico de mantener la paz y la seguridad internacionales (como ejemplo podemos citar las operaciones de la OTAN contra Yugoslavia en 1999, en el contexto del conflicto de Kosovo). La carta fundacional de la OEA también contempla el uso de la fuerza para cumplir con el objetivo de “afianzar la paz y la seguridad del continente”; sin embargo en la práctica los países miembros siempre se han inclinado por medios políticos para la gestión de crisis.

3-¿La creación de instancias internacionales para tratar violaciones de los derechos humanos vulnera la soberanía de los estados? 

No podemos hablar de vulneración de la soberanía cuando los Estados han aceptado, mediante la suscripción y ratificación de los tratados constitutivos de dichas instancias, su competencia. Debemos recordar además lo expuesto en la primera pregunta (supra) sobre la universalidad de los derechos humanos.

Una vez firmados y ratificados los tratados, protocolos y pactos internacionales relativos a derechos humanos, los mismos pasan a formar parte del bloque de constitucionalidad, como establece expresamente la Constitución dominicana en nuestro caso concreto. Pero es que además, el respeto a los derechos humanos constituye un límite a la soberanía de los Estados, quienes al ser signatarios de los diversos tratados contraen un compromiso frente a la comunidad internacional de garantizarlos.

(Enlace a publicación original: http://listindiario.com/las-mundiales/2013/12/13/303406/El-respeto-a-los-derechos-humanos-constituye-un-limite-a-la-soberania-de )

Jugando con el Miedo

El nivel de prepotencia exhibido por el jefe de la Policía Nacional, mayor general (así, con minúscula) Polanco Gómez, dejaría pasmado a cualquiera que no sea un ducho en dominicanadas. Pero aún el más conocedor de asuntos autóctonos no debe menos que asombrarse ante el descaro con que la Policía Nacional pretende someternos a SUS leyes, saltándose completamente sus atribuciones.

Jugando con el miedo que padece la ciudadanía ante la inseguridad y criminalidad que sacude a la sociedad dominicana, la PN, en un discurso demagógico, se erige en los tres poderes del Estado, como una especie de trinidad sagrada que nos obliga, hasta a los no creyentes, a persignarnos o encomendarnos a cualquier santo que quiera cargar con la responsabilidad de protegernos contra ellos.

Y es una tremenda manipulación, que gana incluso fervientes seguidores de la línea trazada por la PN, que precisamente por el miedo, entienden que la institución tiene, no ya el derecho, sino el deber, de “darle para abajo” a los delincuentes, sin ningún tipo de apego a la Constitución y las leyes vigentes en la República Dominicana. Así vemos, por ejemplo, cómo “honorables” diputados que, por su función, deberían ser conocedores de las leyes, alientan a la Policía Nacional a saltarse el ordenamiento jurídico. Vemos también cómo sectores de la sociedad aplauden incluso las actuaciones arbitrarias, incluidos los famosos y convenientes “intercambios de disparos”, como únicas alternativas para acabar con el crimen. Estos sectores pretenden entregarle de facto al jefe de la Policía Nacional una patente de corso para actuar contra una delincuencia que la misma institución define: quién fue, cómo fue, el por qué y las circunstancias en que dicha persona fue abatida (siempre, indefectiblemente, en un intercambio de disparos en el que a los agentes no les quedó más remedio que dispararle y ultimarlo).

Pero la obra maestra no acaba ahí. Porque en ese populismo conscientemente fomentado por la PN en sus actuaciones, viene incluido el descrédito de aquellos que osan levantar la voz en defensa del debido proceso. Ante horrendos crímenes, la PN ejecuta al supuesto culpable, y cuando alguien se atreve a opinar sobre los métodos utilizados por la institución, le cae el cubo de estiércol. Que los “Derechos Humanos” (como dicen) sólo defienden a los delincuentes, pero que dónde estaban los “Derechos Humanos” cuando se cometió el crimen contra la víctima. Se erige entonces la Policía en salvadora de la sociedad, en la única institución que le da su merecido a los delincuentes; y se convierte el ordenamiento jurídico en un estorbo para hacer justicia. Se aplauden estos atropellos de la Policía, llegando incluso a emitirse opiniones en el sentido de que con estas ejecuciones finalmente la Policía está haciendo su trabajo.

En ninguna democracia que se respete (o que nos haga creer que se respeta), se les da el rol de decidir sobre la culpabilidad o inocencia a los cuerpos castrenses. Un asalariado del Estado portador de un arma de fuego simplemente no puede tener en sus manos la decisión sobre el destino de una persona. No es gratuito que la democracia prevea una separación de poderes en la cual cada uno, como pieza de un rompecabezas, juega su papel. La Policía no puede erigirse en juez, ni mucho menos en legislador unilateral. Quien porta armas responde a otro; si no no funciona.

Si la Policía Nacional no sabe atrapar vivos a los delincuentes, esa es una deficiencia de la propia Policía Nacional. El alegato de que cuando los someten a la justicia, ésta los deja libres es una bofetada a la institucionalidad. La Policía Nacional no puede tomarse atribuciones porque haya deficiencias en uno de los poderes del Estado.

Mucho se ha debatido (yo incluida) sobre el caso de Jean Carlo De León (alias Cacón), sospechoso de haber ultimado al Teniente Coronel Pedro De La Cruz, quien fue el oficial que pilló a dos fiscales recibiendo dinero de una extorsión. A mí no hay quien me venda la versión de que la policía “tuvo” que matarlo, mucho menos luego de las declaraciones del jefe de esa institución, instando al sospechoso a que no se entregara, para ellos agarrarlo peleando. Esas declaraciones le dieron a los agentes la directriz de que ejecutar al sospechoso ganaría la voluntad del jefe. Ahora resulta que nunca se podrá esclarecer el móvil del asesinato del Teniente Coronel, pues la Policía se encargó de finiquitar al probable poseedor de la información. Aparte de eso, le sirve a la justicia un expediente difícilmente sustentable, que hace que los familiares de la víctima no tengan oportunidad de saber la verdad. Nos piden a todos que aceptemos a ciegas que Cacón fue el asesino del Teniente Coronel, porque ya la Policía así lo decidió, sin permitirnos llegar al fondo del asunto a través del poder del Estado encargado de hacerlo.

Me resbalan los argumentos en favor de tan deleznable comportamiento de la institución encargada de velar por el orden y la seguridad. Las personas que los esgrimen no están entendiendo que mientras apoyen y aplaudan estas actitudes están sellando su propio destino. Le están confiriendo a un cuerpo castrense la arbitrariedad de acusar a cualquiera de lo que sea, y tomar la justicia en sus manos, sin ningún tipo de sustentación por la vía judicial. Están celebrando una cultura represiva que nos devuelve al trujillismo y a los doce años, y que debíamos haber superado. Se están jugando con la democracia, y eso no es ningún relajo.

Todos queremos que haya justicia ante los crímenes que diariamente ocurren en nuestro país. Todos sabemos que el sistema judicial sufre grandes debilidades y tiene enormes retos que vencer para llegar a ser idóneo. Trabajemos por ello, en vez de clavarnos el cuchillo a nosotros mismos, permitiendo que un jefe de la Policía Nacional pueda decidir nuestro destino.

Yo, personalmente, me niego a aceptarlo como la sagrada trinidad.

A Propósito del Día Internacional de los Derechos Humanos

Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Hoy debemos celebrar nuestras conquistas. Hoy celebramos que podemos hablar, podemos reunirnos, podemos transitar libremente, podemos votar, etc.

Pero no olvidemos que en nuestro mismo país, cuya Carta Magna recoge los derechos fundamentales de todos/as los/as dominicanos/as, no todos ni todas ven esos derechos realizados. Recordemos que no todos tienen pan en su mesa, que no todos se benefician de una justicia imparcial, no todos tienen una vivienda digna, no todos tienen acceso a una educación con calidad, no todos tienen salvaguardada su integridad física. NO TODOS PUEDEN HABLAR, NI VOTAR A CONCIENCIA (por miedo, presiones, o porque un pica pollo compra su libertad temporalmente).

Recordemos también que las mujeres no recibimos igualdad de derechos. Que nuestro acceso a medios de planificación sexual está en franca desventaja con respecto a los hombres. Que esos “honorables” que supuestam

ente nos representan, como mitad de la población que somos, pretenden vulnerar nuestros derechos que creíamos conquistados. Que la violencia de género va en escalada y los mecanismos para prevenirla son insuficientes, poco efectivos, y además pretenden ser recortados. Que las mujeres, al igual que los pobres, estamos totalmente desprotegidas y desprotegidos por nuestro gobierno.Un día como hoy es necesario hacer una reflexión, mirar hacia adentro y ver que estamos, hoy más que hace muchos años, muy lejos de ser un Estado de Derecho. Es imperativo que nuestra sociedad, que finalmente está despertando, no cese en la lucha por construir una Nación de iguales. Que exijamos lo que nos corresponde, que paremos el abuso.

Es una vergüenza que en el umbral del 2013 un país que se suponía democrático no tenga exceso de razones para celebrar, con orgullo, el Día Internacional de los Derechos Humanos.