Ampliando la información (Puerta del Conde, parte 2)

No soy historiadora, ni restauradora, ni arqueóloga ni arquitecta. No soy experta en ninguna de esas áreas. A lo más que puedo aspirar es a ser una adicta perdida de la historia y la arqueología, que eran las carreras que quería perseguir y no lo hice. Cuando viajo, especialmente por Europa, lo que más me apasiona es visitar museos, castillos, fortalezas, ruinas de todo tipo. Y duro una eternidad frente a cada vasija encontrada, aunque sólo se haya rescatado una esquinita y haya que imaginarse el resto. Pocas cosas me hacen más feliz que saber que el castillo o la iglesia a la que estoy ingresando tiene una audioguía (“cuánto es?, déme una en castellano!”), la cual escucho completa, para gran mortificación de algunos de mis ocasionales acompañantes de viaje, que recurren a métodos muy diversos, como sacarme los pies o darme gabela. Aviso anticipadamente que jamás de los jamases me acompañen a la Galleria Degli Uffizi de Florencia, si no quieren perder el día.

Pero como no tengo un título en esa área del conocimiento que me dé la propiedad requerida para hacer afirmaciones rotundas, me he tomado la molestia y el tiempo en investigar un poco sobre la Puerta del Conde, las edificaciones de la época, y los procedimientos de restauración actuales. Por qué lo hice? No solamente por la indignación que me causó el empañete, sino también porque esa adicción que tengo me ha llevado a visitar una cantidad significativa de monumentos históricos restaurados, y aunque yo sepa poco de eso, de tanto andar entre piedras centenarias en latitudes con conciencia de preservación del patrimonio histórico, tengo un concepto básico de cómo se restaura y cuándo un trabajo de restauración está bien hecho.

Andan circulando fotos en blanco y negro de la Puerta del Conde empañetada. Algunos han utilizado estas fotos como argumento de que o bien en su origen la puerta estuvo empañetada, o bien al haberlo estado en algún momento lo que se hizo ahora es rescatar dicho momento. Creo en el valor histórico de esas imágenes, pero no creo que las mismas deban ser el soporte de la decisión tomada por el Estado para empañetar. Más bien forman parte de la memoria que debe ser conservada.

En el primer aspecto, la foto no puede sustentar que originalmente la Puerta del Conde lucía empañetada, puesto que fue construida en 1543, época en la que, sobra decirlo, la fotografía no existía. La cuestión que sí queda pendiente es si el empañete era la opción recomendable.

Intentando ser lo más concisa posible con lo que he encontrado, comenzaré con algunos datos históricos.

La Puerta del Conde, originalmente Fuerte San Genaro, comenzó a construirse en 1543 para proteger a la ciudad de Santo Domingo de los ataques corsarios. Fue modificada en 1655 para defenderla del sitio a la ciudad por parte de los ingleses. De ahí proviene su actual nombre, en honor al Conde de Peñalva, quien comandó las tropas que resistieron y repelieron el asedio. La Puerta del Conde es un exponente de la fortificación abaluartada o traza italiana del siglo XVI. Este es un tipo de fortificación de origen italiano que surgió para contrarrestar las nuevas armas de artillería francesa cuando este país invadió la península itálica. Se caracteriza por muros defensivos más bajos, construidos con materiales que absorbían mejor el impacto de la artillería (piedra, arena y ladrillos). Como novedad arquitectónica importante, estas fortificaciones incorporan los bastiones y los revellines.

Este tipo de fortificaciones italianas fue adoptado por el resto de los países europeos en el siglo XVI, entre ellos España, y utilizado de forma generalizada durante los siguientes 300 años.

Cuando durante la segunda década del siglo XVI proliferaron los ataques de corsarios y piratas en el Caribe, el Consejo de Indias ordenó que se fortificaran todas las poblaciones costeras (1526). Esto explica la fecha de inicio de los trabajos de construcción de nuestro Fuerte San Genaro. Sin embargo, estas fortificaciones eran costosas para la colonia y su finalidad era eminentemente militar (que no estética).

Yo personalmente no puedo afirmar rotundamente que la fortificación original no tuviera empañete. Lo sospecho precisamente porque empañetar toda una ciudadela (como también se conoce a estas fortificaciones) supondría un costo muy elevado. La segunda razón que me lleva a arribar a esa conclusión es que ninguna de las fortificaciones abaluartadas que he visitado muestran empañete. He visto, sí, rellenos de material en zonas deterioradas con peligro de ceder y poner en riesgo la estructura.

Para formarme una mejor opinión seguí buscando información sobre restauración, y me encontré con los criterios de intervención de materiales pétreos del Instituto del Patrimonio Histórico Español (http://ipce.mcu.es/pdfs/CriteriosMaterialesPetreos.pdf). Quizás mi ignorancia de los términos más técnicos de los trabajos de preservación y restauración me hace perderme de algo, pero no encuentro por ningún lado que se recomiende hacer un empañete completo.

Para no aburrir, destaco en primer lugar que sólo la enumeración de los estudios preliminares recomendados ocupa más de una página, y por lo que leo, se toman sus buenos meses mínimamente en ser llevados a cabo. Luego de los estudios preliminares se debe hacer una limpieza del monumento, cuya tecnología debe basarse en los estudios previos. Además, debe realizarse una prueba previa de limpieza en una porción del monumento, para comprobar que el método elegido es el idóneo. Por cierto que la limpieza es irreversible, por eso se considera que no debe realizarse si puede causar daños a la superficie que se pretende preservar. Luego de la limpieza se debe hacer un proceso de desalinización, ya que las sales son sumamente nocivas para la piedra.

A continuación viene el paso que me parece más relevante, que es el de consolidación. La consolidación busca restituir la cohesión superficial de la piedra, y debe evitarse al hacerlo la formación de películas superficiales. Un requisito previo de la consolidación es que debe seguir el principio de mínima intervención, reduciéndose a las zonas que lo requieran. Pero no conforme con ello, este importante manual de criterios de intervención señala que los productos empleados no deben alterar en ningún caso las características estéticas y cromáticas de la obra. Puedo seguir, puesto que también en este paso se deben hacer pruebas en áreas pequeñas con el producto que se va a utilizar en la consolidación, con un margen de tiempo (de antes y después) para determinar si el mismo es impermeable al agua, pero permite la salida del vapor. Similar proceso debe seguirse con el tratamiento de protección, con la diferencia de que este se aplica al conjunto completo de la zona afectada. Pero al igual que la consolidación, este procedimiento no debe alterar la estética ni la cromática.

Sobre los tratamientos de acabado, se “evitarán los tratamientos de acabado orientados a restablecer la unidad cromática de la obra, que supongan intervenir directamente sobre la superficie original y que tengan una única justificación estética”.

Todos estos pasos deben ser realizados por restauradores especializados, debido al alto riesgo de irreversibilidad de las tecnologías y los químicos utilizados. Pero además este “documento-manual” español establece que todas las decisiones, desde la planificación hasta la ejecución, las tomará un equipo interdisciplinario.

Yo me pregunto si todos los estudios preliminares se realizaron, si se hizo la limpieza (y de haberse hecho si se realizó primero una prueba), y si todo esto lo decidió un equipo encabezado por el Ministerio de Cultura y su Dirección de Patrimonio. Pero la pregunta más importante es si a alguien se le ocurrió tirar páginas para la izquierda. Y si la respuesta es que sí, que se informaron, que investigaron, entonces yo quiero una respuesta a por qué se decidió hacer un tratamiento de acabado cuando en restauración de superficies pétreas el mismo no es recomendable. No porque lo opine yo, por suerte, sino los que saben.

Y para ir más allá sobre el por qué de mi postura y de mis conclusiones, me permito compartir las imágenes de diversas fortificaciones abaluartadas o ciudadelas coetáneas y pertenecientes a la misma escuela arquitectónica que la Puerta del Conde, tal y como se encuentran hoy en día.

Fortaleza Abaluartada de Almeida, Portugal – S. XVII (Fuente: http://www.siempredepaso.es/2012/09/la-fortaleza-abaluartada-de-almeida.html)

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Baluarte de San Carlos, México – S. XVII (Fuente: http://www.flickr.com/photos/campeche-travel/6852580339/in/photostream/)

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Baluarte San Felipe, Cuba – S. XVI (Fuente: http://www.ohch.cu/articulos/castillo-de-la-real-fuerza–primera-fortaleza-abaluartada-de-america./)

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Fortaleza L’Aquila, Italia – S. XVI (Fuente: http://tantowines.com/category/destination-abruzzo)

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Fortificación de Valencia de Alcántara, España – S. XVII (Fuente: http://moisescayetanorosado.blogspot.com/2013/11/valencia-de-alcantara-pura-raya.html)

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Y finalmente mi favorita:

Ciudadela de Jaca, España – S. XVI (Fuente: http://www.rural-pyrenees-guide.com/aragon-culture.html)

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