Tánger: Misión Maroc Telecom

6 de enero de 2016, poco más del mediodía en Tánger, dos mujeres solas en la fila de migración. Paso delante: “Bienvenida a Marruecos, señora Ferrer” (Pam! Pam!, dos sellos en el pasaporte). Pasa mi amiga con pasaporte dominicano (pobre), y una eternidad después, la sigo esperando en la cinta de equipaje.

En un carrito que pedía misericordia cargamos tres maletas grandes y dos maletas de mano, vaticinando las condiciones en las que recorreríamos Marruecos por los próximos 10 días. Olvidé decir que nuestro amigo nos esperaba ya en el aeropuerto, con su respectivo equipaje y acompañado de nuestro chofer Mohamed, quien tuvo la imposible tarea de colocar, en lo adelante, todas las maletas, incluyendo la de él, en el baúl de una jeepeta.

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Dice Mohamed, en su castellano impecable: “Bueno chicos, os llevaré a almorzar algo”. Nuestra reacción fue absolutamente desproporcionada: “NECESITAMOS PRIMERO ENCONTRAR UN MAROC TELECOM!”. Ah, esta vida complicada, en la que una tarjeta SIM es más importante que saciar el hambre.

Inicia entonces la búsqueda de Maroc Telecom, nuestro proveedor de elección pues nos habían informado que tiene cobertura en el desierto (spoiler!). Por supuesto, no estábamos contando con que, cual reminiscencia de épocas coloniales pasadas, la hora de almuerzo es sagrada y en ciudades pequeñas los negocios cierran. Aparcamos en una zona suburbana de Tánger, más por inexperiencia y desesperación que por cualquier otra razón, y comenzamos a caminar, no sé ni siquiera si en círculos o no, pero por supuesto sin ninguna metodología concreta más que la irracionalidad de seres desesperados que NECESITAN UNA TARJETA SIM.

Primer Maroc Telecom, cerrado. Segundo Maroc Telecom, cerrado. Pero allí, por aquella calle curva, caótica con vendedores ambulantes y charcos de agua, se ve un letrero que dice Maroc Telecom. Como si hubiésemos avistado un Oasis nos dirigimos hacía allí. Era un colmado. Entre especias, Coca Cola árabe, huevos, ajo, jugos españoles y un fuerte olor a comino (bienvenidos a Marruecos!) se inició una pesquisa con el colmadero, traducida por Mohamed, sobre la posible venta de unas tarjetas SIM con internet (condición indispensable). El acuerdo se concretó entre las miradas curiosas de los locales que no comprendían qué hacía este grupo alejado de las playas de Tánger, y que acaparaba la atención de un colmadero que al mismo tiempo despachaba huevos y leche.

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Cuando se nos aseguró que nuestras condiciones serían cumplidas apareció la tarjeta SIM, que resultó ser grande para los iPhone que llevábamos. Pero ya habíamos pagado los 30 dirhams que costaba el asunto, y el colmadero nos aseguró que a una esquina la cortaban a la medida y que todo estaría bien.

Segunda misión: encontrar el lugar donde cortaban la tarjeta

Evidentemente, tanto las distancias como las direcciones en Marruecos son muy relativas. Al salir del colmado tuvimos que iniciar una nueva cruzada para conseguir un lugar un poco más “tecnológico” donde resolver de una vez por todas la situación de nuestros celulares. Luego de más vueltas y ya no saber ni siquiera cómo ni cuándo encontraríamos nuestro vehículo, nos topamos con una papelería con el famoso letrero de Maroc Telecom.

Yo ya estoy en modo “Maroc”. Sé que no estoy viajando a Europa y tengo vasta experiencia dominicana en traques y situaciones peculiares. Por qué no habría de poder resolverse el asunto en una papelería? Estamos en Marruecos! He de confesar que disfrutaba secretamente la situación en la que nos encontrábamos, pues eso es vivir. Viajar a un lugar nuevo, hermoso y caótico, y experimentar la autenticidad del mismo.

Efectivamente el dependiente, que hablaba como si estuviera peleando, pero que resultó ser su manera de comunicarse, dijo (en árabe) que no sólo podía cortar la tarjeta, nos podía vender dos más y además hacernos la recarga. Albricias!

Mientras me gritaba en árabe, me dictaba números en castellano-italiano-portugués-francés, hacía ademanes y se reía, logramos configurar dos teléfonos. Nos sentimos realizados. Problema siguiente: dónde está el carro?

Bueno, problema más inmediato: dónde vamos a comer? Porque ya son las 3:30 PM!

Emprendemos la búsqueda de un restaurante específico que luego de subir, bajar, doblar por aquí, devolvernos por allá, y así, siempre a pie, resultó estar cerrado. Y como sucede en estos casos, terminamos entrando en la primera fonda que vimos abierta. Que por cierto, estuvo muy bien, a pesar de que por el hambre atrasada pedimos todo el menú.

Comenzó a lloviznar y Mohamed salió a encontrar el carro, lo cual debe haber tomado cerca de 45 minutos. Pero la vida nos sonreía.

Estábamos en Marruecos, y estábamos conectados!

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