Jugando con el Miedo

El nivel de prepotencia exhibido por el jefe de la Policía Nacional, mayor general (así, con minúscula) Polanco Gómez, dejaría pasmado a cualquiera que no sea un ducho en dominicanadas. Pero aún el más conocedor de asuntos autóctonos no debe menos que asombrarse ante el descaro con que la Policía Nacional pretende someternos a SUS leyes, saltándose completamente sus atribuciones.

Jugando con el miedo que padece la ciudadanía ante la inseguridad y criminalidad que sacude a la sociedad dominicana, la PN, en un discurso demagógico, se erige en los tres poderes del Estado, como una especie de trinidad sagrada que nos obliga, hasta a los no creyentes, a persignarnos o encomendarnos a cualquier santo que quiera cargar con la responsabilidad de protegernos contra ellos.

Y es una tremenda manipulación, que gana incluso fervientes seguidores de la línea trazada por la PN, que precisamente por el miedo, entienden que la institución tiene, no ya el derecho, sino el deber, de “darle para abajo” a los delincuentes, sin ningún tipo de apego a la Constitución y las leyes vigentes en la República Dominicana. Así vemos, por ejemplo, cómo “honorables” diputados que, por su función, deberían ser conocedores de las leyes, alientan a la Policía Nacional a saltarse el ordenamiento jurídico. Vemos también cómo sectores de la sociedad aplauden incluso las actuaciones arbitrarias, incluidos los famosos y convenientes “intercambios de disparos”, como únicas alternativas para acabar con el crimen. Estos sectores pretenden entregarle de facto al jefe de la Policía Nacional una patente de corso para actuar contra una delincuencia que la misma institución define: quién fue, cómo fue, el por qué y las circunstancias en que dicha persona fue abatida (siempre, indefectiblemente, en un intercambio de disparos en el que a los agentes no les quedó más remedio que dispararle y ultimarlo).

Pero la obra maestra no acaba ahí. Porque en ese populismo conscientemente fomentado por la PN en sus actuaciones, viene incluido el descrédito de aquellos que osan levantar la voz en defensa del debido proceso. Ante horrendos crímenes, la PN ejecuta al supuesto culpable, y cuando alguien se atreve a opinar sobre los métodos utilizados por la institución, le cae el cubo de estiércol. Que los “Derechos Humanos” (como dicen) sólo defienden a los delincuentes, pero que dónde estaban los “Derechos Humanos” cuando se cometió el crimen contra la víctima. Se erige entonces la Policía en salvadora de la sociedad, en la única institución que le da su merecido a los delincuentes; y se convierte el ordenamiento jurídico en un estorbo para hacer justicia. Se aplauden estos atropellos de la Policía, llegando incluso a emitirse opiniones en el sentido de que con estas ejecuciones finalmente la Policía está haciendo su trabajo.

En ninguna democracia que se respete (o que nos haga creer que se respeta), se les da el rol de decidir sobre la culpabilidad o inocencia a los cuerpos castrenses. Un asalariado del Estado portador de un arma de fuego simplemente no puede tener en sus manos la decisión sobre el destino de una persona. No es gratuito que la democracia prevea una separación de poderes en la cual cada uno, como pieza de un rompecabezas, juega su papel. La Policía no puede erigirse en juez, ni mucho menos en legislador unilateral. Quien porta armas responde a otro; si no no funciona.

Si la Policía Nacional no sabe atrapar vivos a los delincuentes, esa es una deficiencia de la propia Policía Nacional. El alegato de que cuando los someten a la justicia, ésta los deja libres es una bofetada a la institucionalidad. La Policía Nacional no puede tomarse atribuciones porque haya deficiencias en uno de los poderes del Estado.

Mucho se ha debatido (yo incluida) sobre el caso de Jean Carlo De León (alias Cacón), sospechoso de haber ultimado al Teniente Coronel Pedro De La Cruz, quien fue el oficial que pilló a dos fiscales recibiendo dinero de una extorsión. A mí no hay quien me venda la versión de que la policía “tuvo” que matarlo, mucho menos luego de las declaraciones del jefe de esa institución, instando al sospechoso a que no se entregara, para ellos agarrarlo peleando. Esas declaraciones le dieron a los agentes la directriz de que ejecutar al sospechoso ganaría la voluntad del jefe. Ahora resulta que nunca se podrá esclarecer el móvil del asesinato del Teniente Coronel, pues la Policía se encargó de finiquitar al probable poseedor de la información. Aparte de eso, le sirve a la justicia un expediente difícilmente sustentable, que hace que los familiares de la víctima no tengan oportunidad de saber la verdad. Nos piden a todos que aceptemos a ciegas que Cacón fue el asesino del Teniente Coronel, porque ya la Policía así lo decidió, sin permitirnos llegar al fondo del asunto a través del poder del Estado encargado de hacerlo.

Me resbalan los argumentos en favor de tan deleznable comportamiento de la institución encargada de velar por el orden y la seguridad. Las personas que los esgrimen no están entendiendo que mientras apoyen y aplaudan estas actitudes están sellando su propio destino. Le están confiriendo a un cuerpo castrense la arbitrariedad de acusar a cualquiera de lo que sea, y tomar la justicia en sus manos, sin ningún tipo de sustentación por la vía judicial. Están celebrando una cultura represiva que nos devuelve al trujillismo y a los doce años, y que debíamos haber superado. Se están jugando con la democracia, y eso no es ningún relajo.

Todos queremos que haya justicia ante los crímenes que diariamente ocurren en nuestro país. Todos sabemos que el sistema judicial sufre grandes debilidades y tiene enormes retos que vencer para llegar a ser idóneo. Trabajemos por ello, en vez de clavarnos el cuchillo a nosotros mismos, permitiendo que un jefe de la Policía Nacional pueda decidir nuestro destino.

Yo, personalmente, me niego a aceptarlo como la sagrada trinidad.

Anuncios

Un comentario en “Jugando con el Miedo

  1. jorge mendoza dijo:

    Excelente exposicion de una ciudadana responsable, que se sienta hija de un pais llamado a ser democratico y cuya independencia aun sigue pendiente. Escribir asi requiere valor, moral y el poder de enfrentar las probables consecuencias de ejercer el derecho a la libre expersion de las ideas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s