A Horacio

Pido a mis ocasionales lectores me permitan la licencia de salirme de mi línea y dedicar esta publicación a mi mentor Horacio J. Ornes Heded.

Desde su fallecimiento el pasado sábado me encuentro totalmente desconsolada. Me hubiese gustado tener la compostura para dedicarle unas palabras antes, pero el desamparo en que me veo sumida es tan grande, que hasta hoy no he tenido el valor de hacerlo.

Aquí va.

Querido Horacio:

No hay palabras que puedan expresar, sin quedarse cortas, el desconsuelo que siento ante su partida, ni el agradecimiento eterno que siempre le tendré por todo lo que aprendí de usted. Cuando llegué a Fudeco (Save the Children) recién graduada de mi máster, usted me dio la oportunidad de mi vida, aunque yo aún no lo sabía. Entré a una escuela, en la que usted era profesor, y me enseñó el desarrollo comunitario puro. El de verdad. El que tiene un impacto real en las vidas de las personas. Nunca olvidaré esos viajes a Loma de Cabrera, donde como en ningún otro sitio se ven en cada comunidad las huellas de su visión: en cada acueducto rural, en pequeñas empresas financiadas con microcréditos, en cada preescolar, en cada escuela reparada, en cada profesor o profesora capacitada, en la hidroeléctrica de Manuel Bueno, en los paneles solares, en los centros de cómputos autosuficientes y dotados de internet satelital, en cada huerto comunitario (y el abono orgánico con lombrices), en cada vivero, en cada letrina digna, en cada estufa Lorena, en el CAOTACO de Partido (Centro de Agricultura Orgánica y Tecnología Apropiada para la Comunidad), de donde salieron miles de campesinos, niños, niñas y jóvenes capacitados en diferentes temas.

Hablo de Loma de Cabrera porque en lo personal y gracias a usted es un lugar especial en mi corazón. Porque cuando yo entré a Fudeco fue el lugar donde me fogueé. Donde usted se empeñó en que yo aprendiera realmente el trabajo que hace la organización. Y vaya si lo aprendí. Inmediatamente comprendí que nadie, pero absolutamente NADIE, podría entender el trabajo de Fudeco y de usted sin ir al campo. Porque el impacto de Fudeco no se ve en los fríos reportes ni memorias institucionales, sino en la gente. En la gente que luego de más de 30 años dedicados por usted a la zona ha cambiado su calidad de vida y se ha hecho artífice de su propio destino. En los niños que cuando usted llegó allá clamaban por acceso a educación secundaria y hoy claman por acceso a educación universitaria en la zona. En las profesoras que hoy saben educar sin violencia, y saben estimular a sus alumnos. En la doñita fregando sus platos o lavando la ropa en su casa, en lugar de ir al río. En los campesinos que conocen de nuevos métodos de agricultura porque se conectan al internet en un centro de cómputos. En los niños más pequeños que ahora entran a un preescolar a los 2 años, en lugar de esperar los 6 para ingresar al colegio. En la niña patrocinada que hoy es jueza de primera instancia.

Cuando los países más desarrollados decidieron cambiar los términos de la cooperación internacional, cambiar el significado del desarrollo comunitario, el trabajo suyo se hizo más relevante que nunca. Recuerdo las delegaciones que llevábamos allá a la frontera, que venían con una percepción del tipo de proyectos que querían imponernos, y se quedaban asombrados al ver nuestro trabajo. Abrían los ojos, y comprendían que el empoderamiento real y verdadero de la gente es la única verdad en materia de desarrollo. Y es que usted siempre fue defensor de la gente: de escucharlos, de entenderlos, de capacitarlos para que pudieran tomar sus decisiones.

Yo siempre le decía a usted que algún día quería tener una casita en El Llano, cuando íbamos a visitar a la pareja de viejitos, en su casa de palo, para ver cómo estaba funcionando el acueducto por gravedad que se había instalado detrás de su casa para dotar de agua a toda esa comunidad. El Llano siempre me pareció un lugar hermoso y encantador, y mucho más su gente, que como nadie demuestra el empoderamiento que usted siempre promovió. Recuerdo cuando usted me contaba que un comité de esa comunidad se le acercó para decirle que ellos habían conseguido las tuberías para el acueducto y pondrían la mano de obra, que por favor los ayudara a conseguir lo demás. ÉSE es usted: el hombre que empoderó a la gente.

Recuerdo las tardes en la “Casita Blanca”, como usted llamó a la casa donde nos quedábamos frente al CAOTACO. El atardecer conversando ahí, en lo que Margot preparaba la cena. Siempre en su conversación había algo que nos enriquecía, algo que aprender de sólo escucharlo. Para mí era increíble ver cómo las delegaciones de otros Save the Children terminaban totalmente enamorados de nuestra forma de hacer las cosas.

Hablo mucho de Loma, de Partido, porque quizás los mejores recuerdos de usted los tengo ahí. Porque usted era feliz allá. Pero usted impactó la vida de miles de personas en toda la geografía nacional. Nunca olvidaré el primer viaje al batey Laura, antes de iniciar el proyecto. Usted se inspiraba sólo de conocer a la gente, y ya se le ocurrían veinte mil ideas de cómo mejorar su calidad de vida. Ver a esos niños jugar fútbol con una pelota vieja y desbaratada de basketball le causó un pesar tan grande que lo primero que hizo al regresar fue mandar a comprar pelotas de fútbol. De su bolsillo.

Y es que su sensibilidad social no tenía límites. Pocas personas como usted dedican su vida a los demás. Y esa sensibilidad se extendía a la oficina. Usted siempre estaba preocupado de la situación de todos, siempre estaba disponible para los problemas de todos.

No conozco a nadie, además, tan honesto y recto como usted. Llegó a prestarle dinero de su bolsillo a Fudeco cuando estábamos en apuros, sabiendo nosotros que a usted no le sobraba. Porque nunca trabajó para hacerse rico, nunca tuvo una actividad paralela. Usted se entregó al 100 por 100 a Fudeco. Tanto así que usted mismo promovió la reestructuración de la organización, de manera que usted no tuviera tantos poderes; defendió a tal punto la institucionalidad que voluntariamente se salió del Consejo de Directores (donde estaba de manera honorífica) para evitar influenciar las decisiones importantes.

Además, evitaba siempre el protagonismo. Por eso casi nadie sabe que fue fundador de la JAD, de Alianza ONG, de Mude, de Ademi, entre otros. Porque nunca le interesó hacer bulla. Cuando comenzamos los esfuerzos de elevar el perfil de Save the Children, tuve innumerables batallas con usted, porque rehuía aparecer en fotos, en los medios, en publicaciones. Eso demuestra el gran ser humano que fue.

Yo perdí demasiado. No sé qué me haré sin su consejo, sin su sabiduría, más que nada sin su ejemplo. El mundo del desarrollo perdió más todavía, porque perdió la voz más certera que tenía, perdió la mente más creativa, perdió un líder, y perdió un embajador de los desfavorecidos.

Yo sólo le pido, donde quiera que esté, que nos ilumine, porque a mí me faltó demasiado por aprender para seguir su ejemplo. Y aún se hubiera quedado más tiempo con nosotros, yo jamás hubiera llegado a tener la talla de usted.

Me queda el consuelo de que en vida le llegué a decir lo que significó para mí, pero hubiese preferido decírselo más. Usted dejó el listón tan en alto, que sé que donde sea que me lleve el destino nunca me toparé con nadie que pueda guiarme como lo hizo usted.

Por favor, le pido, guíeme.

Beatriz

P.D.: Adjunto el video que hicimos cuando Fudeco-Save the Children cumplió 30 años, cuyo guión escribió usted con tanto orgullo, aunque no quiso el crédito. Se acuerda del orgullo con que lo mostramos en el Members Meeting? Sé que ese video es su niño querido, y lo comparto porque es un homenaje a usted y su trabajo.

http://www.youtube.com/watch?v=2a0odLuR-9E

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4 comentarios en “A Horacio

  1. Tony Comellas dijo:

    Beatriz, tube el honor de tener una amistad con Horacito de Mas de Trenta anos. Horacio era mi Hermano.
    Tus palabras son bellas y muestran Quien era el.
    Solo justifico su Ida tan prematura pensando en que Dios lo necesitaba
    A su lado.
    El Siempre me hablaba de lo contento que estaba de que estabas con el en FUDECO y de el talento y futuro que tenias.
    Sigue tu obra a travel de FUDECO, yo se que el te guia, y Siempre estara a tu lado
    Como lo esta conmigo y mis hijos
    Tony Comellas

    • Beatriz Ferrer dijo:

      Gracias don Tony por sus mensajes. Yo sé cuánto lo quería el a usted, pues siempre lo mencionaba, o hacía cuentos, usted sabe cómo era él.

      Hoy que es su cumpleaños lo recuerdo tanto, y se me hace más presente esa ausencia. La verdad es que él es irremplazable, y yo espero que podamos hacerle honor a su trabajo.

      Creo que fuimos afortunados, usted y su familia como amigos de él, yo como aprendiz, de haberlo conocido y haber aprendido de él.

      Le mando un abrazo fuerte, pues sé que para usted esta pérdida es también muy dolorosa.

      Me reitero a sus órdenes para cualquier cosa.

      Beatriz

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